
Recetas cuando estás enfermo
Descubre recetas cuando estás enfermo: platos fáciles de digerir, reconfortantes y suaves, ideales para resfriados, malestar o días de poca energía.
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Crema de lechuga romana con pollo desmenuzado
Si alguna vez te quedó regular, seguramente fue por cocinar la lechuga demasiado tiempo. Tres o cuatro minutos a fuego medio, solo hasta que se marchite, son suficientes. Si te pasas, pierde su color verde vibrante y ese sabor sutil que la caracteriza.
El secreto de la textura está en el licuado. Tienes que triturar la mezcla hasta que quede completamente lisa, sin ningún grumo. Si usas licuadora de vaso, hazlo en lotes y ten mucho cuidado con el vapor caliente para no quemarte. Después, al añadir la nata, solo calienta durante cinco minutos sin dejar que hierva, o podría cortarse.
Para el pollo, no te limites a hervirlo en agua. Cocínalo a fuego lento con la cebolla, el ajo y el laurel para que el caldo quede aromático y el pollo con más sabor. Ese caldo luego lo puedes usar para la crema, le dará mucha más profundidad. Cuando lo desmenuces, hazlo con las manos o dos tenedores para que quede en hebras, no en trozos.
Si buscas una versión más ligera, puedes sustituir la nata líquida por leche evaporada. Y para el final, no te saltes el chorrito de aceite de oliva virgen extra en cada plato; ese toque frutado en crudo hace que todos los sabores brillen.

Sopa Reconfortante de Pollo con Repollo y Garbanzos
El truco que más ayuda en esta receta es usar muslos de pollo con hueso para el caldo. La grasa y el colágeno del hueso aportan un sabor y cuerpo que no se consigue con pechuga. Al empezar, cubre los ingredientes con agua fría y lleva a ebullición a fuego medio. Así se extraen los sabores de forma gradual. No te saltes espumar la superficie durante los primeros minutos; elimina las impurezas para un caldo más limpio y claro.
El punto del repollo es clave para la textura. Sáltalo aparte en aceite de oliva hasta que esté tierno pero aún crujiente, unos 5-7 minutos. Si lo echas directamente al caldo, se cocerá demasiado y perderá ese contraste. Añádelo al final, junto con los garbanzos y el pollo desmenuzado, solo para calentar y que los sabores se integren.
Cuando cuezas el pollo 45 minutos a fuego lento es suficiente para que esté tierno y se deshaga fácilmente. Si lo dejas mucho más, puede quedar seco. Al desmenuzarlo, elimina bien la piel y los huesos. Para el caldo, presiona las verduras coladas con el dorso de una cuchara para extraer todo su jugo antes de descartarlas.
Si usas garbanzos de bote, enjuágalos bien bajo el grifo para quitar el líquido de conserva. Añádelos en el último paso, solo para calentar. La sopa gana mucho si reposa 10-15 minutos fuera del fuego antes de servir; los sabores se asientan. El limón es un toque final que levanta todos los sabores; que cada uno lo exprima al gusto.

Caldo Suave con Pasta y Calabaza
Si quieres mejor textura, vigila el punto de cocción de la calabaza. Debe estar tan tierna que se deshaga fácilmente al presionarla con una cuchara, pero sin llegar a ser un puré total. Ese es el momento justo para añadir la pasta y conseguir un caldo con cuerpo.
El primer paso, sofreír bien la cebolla hasta que esté transparente, es clave para dar profundidad de sabor al caldo. Luego añade el ajo solo un minuto, para que no se queme y amargue. Cuando viertas el caldo, lleva a ebullición y luego baja el fuego para que hierva suavemente unos 20-25 minutos. Es el tiempo justo para que la calabaza se ablande y suelte su dulzor.
Cocina la pasta aparte, en agua con sal, y escúrrela cuando esté al dente. Si la cueces directamente en el caldo, absorberá demasiado líquido y se pasará. Al añadirla al final, mantiene su textura perfecta. Mi consejo es usar pasta pequeña, como conchitas, que se reparte bien en cada cucharada.
Para espesar ligeramente el caldo sin necesidad de harinas o nata, presiona algunos cubos de calabaza ya cocida contra la pared de la olla con el dorso de una cuchara. Así se integran y dan cremosidad. Retira las ramitas de tomillo y romero antes de hacer esto, para que no se deshojen.
Sirve el caldo bien caliente. El toque final de aceite de oliva virgen extra en crudo y el queso parmesano rallado justo al servir no son decoración: aportan un punto de grasa y umami que redondea todos los sabores. Si te sobra, guárdalo con la pasta ya incorporada, pero ten en cuenta que al recalentar, la pasta seguirá absorbiendo líquido. Puedes añadir un poco de caldo o agua al calentarlo.

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