Cremosa, sin grumos y lista en 15 minutos

El truco que más ayuda en esta receta es respetar la proporción de líquido y el cambio de temperatura. Usa la medida de 500 ml de leche y 250 ml de agua por cada 100g de copos. Llévalo a ebullición a fuego medio-alto, pero en cuanto hierva, baja al mínimo y cocina 10-12 minutos, removiendo cada poco. Así los copos se hidratan bien sin quemarse ni pegarse.
No te saltes la pizca de sal, aunque parezca raro. Se añade al principio con la canela y la vainilla, y su función es realzar el sabor de la avena y el dulzor final. Si al terminar la cocción ves que queda demasiado espesa, corrige con un chorro de leche o agua fría y remueve. Si la prefieres más compacta, dale un par de minutos extra al fuego.
Mi consejo: endulza siempre al servir, no durante la cocción. Así controlas mejor el punto y evitas que la miel o el azúcar se caramelicen en el fondo del cazo. Para los toppings, los frutos rojos y el plátano dan frescura, pero si no los tienes, unas nueces picadas o una cucharada de mantequilla de cacahuete le dan un toque crujiente. Sírvela enseguida, porque al enfriarse sigue espesando.
Añade una manzana picada durante los últimos 5 minutos de cocción y dobla la cantidad de canela.
Mezcla una cucharada de proteína en polvo de vainilla después de cocinar y añade semillas de chía.
Transfiere la mezcla a un molde para horno, cubre con toppings y hornea a 180°C durante 20 minutos.
Guarda la avena cocida en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, añade un poco de leche o agua y calienta en el microondas o en un cazo, revolviendo frecuentemente.
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23 de febrero de 2026
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