La guarnición cremosa que transforma el ajo en algo suave y dulce

Si quieres mejor textura, vigila el corte del ajo. No cortes demasiado de la parte superior, solo lo justo para exponer la punta de los dientes. Si cortas mucho, los dientes se pueden secar durante el largo horneado. El truco está en que el aceite de oliva penetre bien entre ellos para que se confiten en su propio jugo.
Envuelve cada cabeza en su papel de aluminio de forma hermética. Esto es clave para crear un mini-horno de vapor que cocine el ajo de manera uniforme y lo deje tierno, no seco. Cuando los saques a los 45-50 minutos, ábrelos con cuidado porque sale vapor caliente. La prueba definitiva es pinchar un diente con la punta de un cuchillo; debe clavar sin resistencia.
Deja reposar unos 5 minutos fuera del horno. Este paso permite que los jugos se reabsorban y la textura se vuelva más untuosa. Para servirlo, no hace falta sacarlo del aluminio; presiona la base de cada diente con los dedos y la pulpa cremosa saldrá sola. Si sobra, guárdalo en la nevera en un recipiente hermético y úsalo en unos días para enriquecer salsas, untar en pan o añadir a un puré.
Sustituye la albahaca por una mezcla de romero, tomillo y orégano secos para un sabor más mediterráneo
Añade la ralladura de medio limón y un chorrito de su jugo al aceite de oliva antes de aliñar el ajo
Guarda los ajos asados en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, envuélvelos en papel de aluminio y calienta en horno a 180°C durante 10-15 minutos.
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23 de febrero de 2026
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