Un clásico de la cocina tradicional con un toque especial de hogar

Las albóndigas en salsa son un plato que evoca recuerdos de cocinas familiares y comidas dominicales. Este plato tradicional español tiene sus raíces en la cocina mediterránea, donde la combinación de carne molida con hierbas aromáticas y una salsa rica y sabrosa ha sido apreciada durante generaciones. La versión casera que presentamos aquí mantiene la esencia de las recetas de abuela, pero con algunos toques modernos que realzan su sabor.
El sabor de estas albóndigas es profundamente satisfactorio: la carne de cerdo y ternera se combinan para crear una textura jugosa y tierna, mientras que el perejil, ajo y cebolla añaden capas de sabor aromático. La salsa, elaborada con tomate triturado, vino blanco y caldo de carne, envuelve las albóndigas en un abrazo cálido y reconfortante, con notas ligeramente dulces del tomate y un toque herbáceo del orégano.
La textura es fundamental en este plato: las albóndigas deben quedar firmes por fuera pero suaves y jugosas por dentro, mientras que la salsa debe tener una consistencia cremosa pero no demasiado espesa, perfecta para mojar pan o acompañar con puré de patatas. El pan rallado y el huevo actúan como ligantes que mantienen la forma de las albóndigas sin endurecerlas.
Para la presentación, se recomienda servir las albóndigas en un plato hondo o cazuela de barro, cubiertas generosamente con la salsa y espolvoreadas con perejil fresco picado. Acompañar con pan crujiente para aprovechar toda la salsa es casi obligatorio. El color rojo intenso de la salsa contrasta bellamente con el verde del perejil, creando un plato visualmente atractivo.
Este plato es perfecto para reuniones familiares o cenas informales, ya que se puede preparar con anticipación y sabe incluso mejor al día siguiente. La cocción lenta permite que los sabores se integren completamente, transformando ingredientes simples en un festín de sabores caseros. Es un plato que habla de tradición, cuidado y amor por la buena comida.
Un consejo importante es no sobrecocinar las albóndigas durante el salteado inicial; solo necesitan dorarse por fuera para luego terminar de cocinarse en la salsa. Esto garantiza que mantengan su jugosidad interior. Además, dejar reposar la salsa unos minutos antes de servir permite que los sabores se asienten y la textura se equilibre perfectamente.
En lugar de freír las albóndigas, colocarlas en una bandeja de horno engrasada y hornear a 200°C durante 15-20 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción. Luego incorporar a la salsa.
Sustituir la carne de cerdo y ternera por 600g de carne de pollo molida. Añadir una cucharadita de pimentón dulce a la mezcla para dar más sabor.
Añadir 100ml de nata para cocinar a la salsa los últimos 5 minutos de cocción para obtener una textura más cremosa.
Dejar enfriar completamente las albóndigas en salsa. Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Calentar a fuego medio en una cazuela, añadiendo un poco de agua o caldo si la salsa está muy espesa.
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