Delicados y suaves alfajores rellenos de dulce de leche

Los alfajores de maicena son un postre tradicional argentino que ha conquistado paladares en todo el mundo. Estas galletas delicadas y desmoronables se caracterizan por su textura suave y arenosa, gracias al uso de maicena en la masa. La combinación perfecta entre la galleta ligera y el dulce de leche cremoso crea una experiencia sensorial única que se derrite en la boca.
Originarios de Argentina, los alfajores tienen raíces árabes que se adaptaron a los ingredientes locales. La versión con maicena surgió como una alternativa más ligera a las galletas tradicionales, ganando popularidad por su textura distintiva. Cada mordisco ofrece un equilibrio perfecto entre la dulzura del relleno y la sutileza de la galleta, que prácticamente se deshace al contacto.
La preparación requiere paciencia y cuidado, especialmente al momento de hornear las galletas para que mantengan su blancura característica. El secreto está en cocinarlas justo hasta el punto donde se doran ligeramente los bordes, pero el centro permanece pálido. Este proceso garantiza la textura perfecta: firme por fuera pero increíblemente tierna por dentro.
Para la presentación tradicional, los alfajores se espolvorean generosamente con azúcar glas, creando un contraste visual entre el blanco inmaculado y el dorado suave de los bordes. También pueden bañarse en chocolate o decorarse con coco rallado, aunque la versión clásica con azúcar glas sigue siendo la favorita. Se sirven mejor a temperatura ambiente para que el dulce de leche mantenga su cremosidad.
Estos alfajores son ideales para acompañar con mate, café o té de la tarde. Su tamaño perfecto los convierte en el postre ideal para compartir en reuniones familiares o como regalo gourmet. La textura se mantiene perfecta durante varios días si se almacenan correctamente en un recipiente hermético.
El proceso de armado requiere delicadeza, ya que las galletas son frágiles. Se recomienda usar una manga pastelera para aplicar el dulce de leche de manera uniforme sin romper las bases. La cantidad de relleno puede ajustarse al gusto, aunque el equilibrio tradicional favorece una capa generosa que se asoma ligeramente por los bordes al presionar.
Añadir 2 cucharadas de cacao en polvo a la masa y bañar en chocolate fundido en lugar de espolvorear con azúcar glas.
Pasar los bordes por coco rallado y añadir 50g de coco rallado a la masa.
Sustituir la harina de trigo por mezcla de harinas sin gluten.
Guardar en un recipiente hermético a temperatura ambiente, separando las capas con papel de hornear. No refrigerar para mantener la textura de las galletas.
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