Dulce de leche de cabra caramelizado, un clásico de la repostería mexicana

La cajeta mexicana es uno de los dulces más emblemáticos de la gastronomía tradicional de México, con raíces que se remontan a la época colonial. Originaria de la región de Celaya, en el estado de Guanajuato, esta delicia se elaboraba originalmente con leche de cabra, aunque hoy en día existen versiones con leche de vaca. Su nombre proviene de las cajas de madera en las que se transportaba y almacenaba, y su textura sedosa y sabor intensamente caramelizado la han convertido en un postre favorito en todo el país.
La cajeta ofrece un sabor complejo que combina la dulzura del caramelo con notas ligeramente saladas y un toque terroso característico de la leche de cabra. Su textura es densa pero suave, con una consistencia que puede variar desde líquida y fluida hasta espesa y untable, dependiendo del tiempo de cocción. El proceso de caramelización lenta desarrolla sabores profundos que recuerdan a nueces tostadas y caramelo quemado, creando un perfil gustativo único y sofisticado.
Para preparar una cajeta auténtica se requiere paciencia y atención constante, ya que la leche debe reducirse lentamente durante varias horas mientras se remueve continuamente para evitar que se queme en el fondo de la olla. Este proceso tradicional no solo concentra los sabores, sino que también desarrolla el característico color ámbar oscuro que distingue a una buena cajeta. La adición de bicarbonato de sodio ayuda a neutralizar la acidez natural de la leche y promueve la reacción de Maillard, esencial para el desarrollo del color y sabor.
La presentación de la cajeta es tan importante como su preparación. Tradicionalmente se sirve en pequeños frascos de vidrio o en platos individuales, acompañada de pan dulce, galletas marías o fruta fresca. Para ocasiones especiales, se puede utilizar como relleno para pasteles, crepes o churros, o simplemente disfrutarse a cucharadas. Su versatilidad la convierte en un ingrediente estrella de la repostería mexicana moderna.
Un buen consejo para los cocineros principiantes es mantener el fuego bajo y constante durante todo el proceso de cocción, y nunca abandonar la olla sin supervisión. La cajeta puede pasar de perfecta a quemada en cuestión de minutos, por lo que la atención constante es clave. También es importante utilizar una olla de fondo grueso para distribuir el calor de manera uniforme y evitar puntos calientes que puedan quemar la mezcla.
Almacenada correctamente en frascos esterilizados y herméticos, la cajeta puede conservarse durante varios meses en la nevera, lo que la convierte en un regalo perfecto para compartir en festividades como Navidad, Día de Muertos o cumpleaños. Su sabor mejora con el tiempo, desarrollando matices aún más complejos después de unos días de reposo, por lo que prepararla con anticipación es una excelente estrategia para eventos especiales.
Sustituye la rama de canela por una vaina de vainilla abierta a lo largo para obtener un sabor más suave y aromático.
Añade 100g de nueces picadas durante los últimos 30 minutos de cocción para una textura crujiente y sabor a nuez tostada.
Cocina 15-20 minutos adicionales hasta obtener un color más oscuro y sabor más intenso a caramelo, ideal para acompañar helados.
Almacenar en nevera en frasco de vidrio esterilizado y bien tapado. No congelar.
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