Un caldo reconfortante y nutritivo con el toque fresco de la lechuga romana

Este caldo de pollo casero es un clásico de la cocina española que combina la profundidad de sabor de un caldo bien hecho con la frescura y textura de la lechuga romana. La preparación tradicional se remonta a generaciones de cocineras que entendían el valor nutritivo y reconfortante de un buen caldo, especialmente durante los meses fríos o cuando se necesita un alimento fácil de digerir.
El sabor es rico y profundo, con notas terrosas del laurel y la cebolla, un toque dulce de la zanahoria y la suavidad característica del pollo. La lechuga romana añade un contraste interesante: mientras se cocina ligeramente, mantiene cierta textura y aporta un sabor fresco y vegetal que equilibra la intensidad del caldo.
La textura es ligera pero sustanciosa, con trozos tiernos de pollo que se deshacen en la boca y verduras cocidas al punto justo. El caldo en sí es transparente pero lleno de sabor, sin ser grasiento, gracias a un proceso de cocción lenta que extrae todo el sabor de los ingredientes sin sobrecocinar.
Para la presentación, se recomienda servir en boles hondos individuales, colocando primero los trozos de pollo y verduras, luego vertiendo el caldo caliente por encima. Se puede decorar con unas hojas frescas de perejil picado y un chorrito de aceite de oliva virgen extra justo antes de servir. La lechuga romana debe quedar visible en la superficie, mostrando su color verde vibrante.
Este plato es ideal para cualquier ocasión, desde una comida familiar de domingo hasta un reconfortante almuerzo entre semana. Su versatilidad permite adaptarlo a diferentes gustos y necesidades dietéticas, manteniendo siempre su esencia reconfortante.
El secreto de un buen caldo está en la paciencia: dejar que hierva suavemente durante el tiempo necesario para que los sabores se integren completamente. No apresurar el proceso es clave para obtener un caldo claro y sabroso que realmente nutra el cuerpo y el alma.
Añade 200g de fideos finos durante los últimos 8 minutos de cocción para una versión más sustanciosa.
Enfría el caldo terminado en la nevera y retira la capa de grasa solidificada antes de recalentar y servir.
Añade champiñones laminados y guisantes durante los últimos 5 minutos de cocción.
Deja enfriar completamente el caldo antes de guardarlo en un recipiente hermético en la nevera. Para congelar, guárdalo en porciones individuales hasta por 3 meses.
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