Carne seca desalada y yuca dorada, un clásico brasileño

Para clavar el punto, céntrate en el desalado de la carne. Si no cambias el agua cada 6-8 horas durante 12-24 horas, el plato quedará incomible de salado. Es el paso más importante y no tiene atajos.
Al cocinar la carne, el objetivo es que quede tierna pero con cuerpo. Cocínala a fuego lento durante esas 1.5-2 horas hasta que un tenedor entre sin fuerza. No añadas sal; la pimienta negra es suficiente. Mientras, prepara la mandioca.
Con la yuca, el truco está en el punto de cocción y el dorado. Cuécela hasta que un tenedor la atraviese sin resistencia, unos 20-30 minutos. Luego, escúrrela muy bien antes de pasarla a la sartén con mantequilla y aceite. Si está húmeda, no dorará, solo se hervirá. Búscale un color dorado por todos lados.
Para servir, corta la carne contra la veta en tiras. Así queda más tierna al morder. El gajo de limón no es decoración: un poco de su jugo corta la grasa y levanta todos los sabores. Si la mandioca se enfría, se pone gomosa; sírvela todo bien caliente.
Después de hervir la carne, puedes terminarla a la parrilla por unos minutos para darle un sabor ahumado y marcas de parrilla.
En lugar de dorar la mandioca en sartén, puedes freír los trozos cocidos en aceite caliente hasta que queden crujientes por fuera.
Prepara una salsa cremosa de pimienta con nata, caldo de carne y pimienta negra molida para acompañar el plato.
Guarda la carne y la mandioca por separado en recipientes herméticos en el refrigerador. Recalentar suavemente en sartén o microondas antes de servir.
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23 de febrero de 2026
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