Un clásico italiano elegante y refrescante

El carpaccio de ternera es una creación culinaria que nació en Venecia en los años 50, en el famoso Harry's Bar. Su nombre proviene del pintor renacentista Vittore Carpaccio, conocido por su uso del color rojo intenso en sus obras, similar al tono de la carne cruda finamente cortada. Este plato representa la elegancia de la cocina italiana moderna, donde la calidad de los ingredientes es primordial.
La ternera debe ser de la más alta calidad, preferiblemente de corte magro como el lomo o el solomillo, que se corta en láminas extremadamente finas. La textura es suave y delicada, casi se funde en la boca, mientras que el sabor es limpio y ligeramente dulce, realzado por la acidez del limón y la salinidad del queso parmesano.
La rúcula baby aporta un toque fresco y ligeramente picante que contrasta perfectamente con la suavidad de la carne. El aceite de oliva virgen extra de calidad premium es fundamental para unir todos los sabores, mientras que los alcaparrones añaden un toque salado y ligeramente ácido que equilibra la composición.
Para la presentación, se recomienda disponer las láminas de ternera en un plato grande plano, formando un círculo o espiral. La rúcula se coloca en el centro o esparcida delicadamente, y el parmesano se ralla en el momento sobre el conjunto. Un chorrito final de aceite de oliva y unas vueltas de pimienta negra recién molida completan este plato visualmente atractivo.
Este carpaccio es ideal para comenzar una cena especial o como aperitivo sofisticado en reuniones. Se sirve inmediatamente después de prepararlo para mantener la frescura de la carne y la textura crujiente de la rúcula. La temperatura de la carne debe ser fresca pero no fría, por lo que se recomienda sacarla de la nevera unos 10-15 minutos antes de preparar.
La clave del éxito está en el corte fino y uniforme de la carne, que puede lograrse con un cuchillo muy afilado o, idealmente, con una cortadora de fiambre profesional. La presentación minimalista y elegante resalta la belleza natural de los ingredientes, haciendo de este plato una verdadera obra de arte comestible.
Sustituye la ternera por salmón fresco de alta calidad, cortado en láminas finas. Añade eneldo fresco y una salsa de yogur con mostaza.
Utiliza remolacha asada cortada en láminas finas o calabacín crudo en rodajas muy finas. Añade nueces tostadas y queso de cabra.
Añade láminas finas de trufa negra fresca y sustituye el aceite de oliva por aceite de trufa para un toque de lujo.
El carpaccio debe consumirse inmediatamente después de su preparación. No se recomienda almacenar ni refrigerar una vez montado el plato, ya que la carne perderá textura y la rúcula se marchitará.
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