La salsa emblemática de los asados argentinos

El chimichurri es mucho más que una simple salsa argentina; es un símbolo cultural que ha trascendido fronteras para convertirse en el acompañante por excelencia de las carnes a la parrilla. Su origen se remonta a los gauchos de las pampas argentinas, quienes necesitaban una conserva que pudiera mantenerse durante sus largas travesías. La leyenda cuenta que su nombre proviene de un inmigrante inglés llamado Jimmy Curry, cuya pronunciación en español derivó en 'chimichurri', aunque otras versiones sugieren un origen vasco o quechua.
Esta salsa vibrante y aromática ofrece un equilibrio perfecto entre lo ácido, lo herbáceo y lo picante. El perejil fresco aporta su característico sabor terroso y verde, mientras que el orégano añade notas mediterráneas y ligeramente amargas. El ajo proporciona un toque picante y aromático que se suaviza con la maceración, y el ají molido o las guindillas aportan el calor necesario sin dominar los demás sabores.
La textura del chimichurri tradicional debe ser rustica y heterogénea, con trocitos visibles de hierbas y ajo, nunca una pasta homogénea. El aceite de oliva virgen extra no solo actúa como conservante natural, sino que también extrae los sabores de las hierbas durante la maceración, creando una emulsión imperfecta pero deliciosa que se separa ligeramente en reposo.
Para presentar el chimichurri, se recomienda usar un recipiente de vidrio o cerámica que permita apreciar sus colores vibrantes: el verde intenso del perejil, los puntos rojos del pimentón y ají, y el dorado del aceite. Sirve siempre a temperatura ambiente, nunca frío de la nevera, ya que el frío atenúa sus aromas. Puedes acompañarlo con una cuchara de madera para removerlo antes de servir.
El chimichurri mejora notablemente con el reposo, por lo que es ideal prepararlo al menos 2 horas antes de consumirlo, o incluso el día anterior. Durante este tiempo, los sabores se integran y el ajo pierde parte de su agresividad inicial. Si lo preparas con antelación, recuerda sacarlo de la nevera al menos 30 minutos antes de servir para que recupere toda su expresividad aromática.
Esta versión clásica es perfectamente adaptable a tus preferencias personales: si prefieres menos picante, reduce la cantidad de ají molido; si te gusta más ácido, añade un chorrito extra de vinagre. Lo importante es mantener el equilibrio entre los elementos principales para que ningún sabor domine sobre los demás.
Omite el pimentón y el ají molido, y añade más perejil y cilantro fresco para una versión completamente verde.
Añade 2 cucharadas de mayonesa o yogur griego para una textura más cremosa ideal para sandwiches.
Incorpora cilantro fresco, menta o albahaca junto con el perejil para un perfil herbal más complejo.
Guarda el chimichurri en un recipiente de vidrio hermético en la nevera. Cubre la superficie con una fina capa de aceite de oliva para ayudar a la conservación. Antes de usar, saca de la nevera 30 minutos para que recupere temperatura ambiente y remueve bien.