Variante 2 - Receta casera con toque mediterráneo

El conejo al ajillo es un plato tradicional de la cocina española que combina la suavidad de la carne de conejo con la intensidad aromática del ajo y el vino blanco. Esta receta, en su variante 2, presenta un equilibrio perfecto entre los sabores terrosos de la carne y los matices picantes y herbáceos de los ajos y el perejil. Originario de las regiones rurales de España, este plato era tradicionalmente preparado por cazadores que utilizaban ingredientes locales y de temporada, creando así una preparación humilde pero llena de sabor.
La textura del conejo es fundamental en esta receta. La carne debe quedar tierna y jugosa, desprendiéndose fácilmente del hueso tras la cocción lenta. La salsa, por su parte, debe tener una consistencia ligeramente espesa que cubra cada trozo de carne sin ser demasiado pesada. El ajo, cocinado a fuego lento, pierde su acritud inicial y desarrolla un sabor dulce y aromático que impregna toda la preparación.
Para lograr el punto perfecto, es esencial dorar bien el conejo antes de añadir los líquidos. Este paso sella los jugos y crea una capa caramelizada que aportará profundidad al sabor final. El vino blanco no solo ayuda a desglasar el fondo de la cazuela, sino que también aporta acidez y complejidad que equilibra la riqueza de la carne.
En cuanto a la presentación, este plato luce especialmente bien servido en una cazuela de barro tradicional, que mantiene el calor y realza la rusticidad del plato. Se puede adornar con ramitas de perejil fresco y unos dientes de ajo enteros cocidos que queden visibles. La salsa debe brillar ligeramente gracias al aceite de oliva y cubrir generosamente cada porción.
Este conejo al ajillo es perfecto para compartir en una comida familiar o con amigos, ya que su preparación invita a la conversación y al disfrute pausado. Acompañado de un buen pan rústico para mojar en la salsa, se convierte en una experiencia culinaria completa que transporta directamente a los campos y cocinas tradicionales españolas.
Para quienes buscan variaciones, se puede ajustar el nivel de picante añadiendo más o menos guindilla, o incluso sustituir el vino blanco por vino tinto para una versión más intensa. Lo importante es respetar los tiempos de cocción y la calidad de los ingredientes, especialmente el aceite de oliva virgen extra y el conejo fresco.
Añadir 50g de almendras fileteadas tostadas al final de la cocción para dar textura crujiente.
Sustituir el vino blanco por vino tinto para un sabor más intenso y una salsa de color más oscuro.
Añadir patatas cortadas en trozos medianos a la cazuela 30 minutos antes de terminar la cocción.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Calentar a fuego lento en una cazuela, añadiendo un poco de caldo o agua si es necesario.
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