Muslo de pato cocinado en su grasa con un glaseado cítrico

Si no quieres que se estropee al final, controla la temperatura del horno durante el confitado. Mantenerla a 130°C es clave; si sube demasiado, la carne se fríe y se seca en lugar de confitarse lentamente.
El primer paso no es negociable: seca muy bien los muslos con papel de cocina antes de salarlos. La humedad en la piel es el enemigo de que quede crujiente después. La salazón previa (esa marinada de 2 horas o toda la noche) no solo sazona, sino que ayuda a extraer aún más humedad.
Durante las 2-3 horas en el horno, la carne debe quedar tan tierna que se desprenda del hueso con solo tocarla. No tengas prisa. Una vez fuera, escurre bien cada muslo de la grasa antes de pasarlo a la sartén para dorar. Si llevan mucha grasa adherida, salpicará y no conseguirás ese dorado perfecto.
Para el glaseado, añade la mezcla de limón, miel y brandy cuando la piel ya esté crujiente. Déjala reducir a fuego medio hasta que espese y brille, pero vigila que no se queme; la miel carameliza rápido.
¿Y la grasa sobrante? No la tires. Cuélala y guárdala en un tarro en la nevera. Es oro líquido para saltear patatas, como en esta receta, o para darle un sabor increíble a cualquier verdura o legumbre.
Sustituir el limón por naranja sanguina para un sabor más dulce y aromático
Añadir romero, albahaca y orégano al tomillo y laurel durante el confitado
Acompañar con manzanas asadas al horno con canela, típico de Normandía
Conservar los muslos de pato completamente sumergidos en la grasa de pato colada en un recipiente hermético. Calentar suavemente antes de servir.
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23 de febrero de 2026
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