Asado tradicional a la brasa con hierbas aromáticas

El cordero al palo es una técnica ancestral de cocción que se remonta a las tradiciones patagónicas y fueguinas, donde los pueblos originarios asaban animales enteros sobre brasas durante horas. Este método garantiza una carne tierna y jugosa, con una corteza dorada y aromática que se desprende del hueso con facilidad. La cocción lenta permite que la grasa se derrita y bañe la carne, creando un sabor intenso y ahumado que es imposible de replicar en otros métodos de cocción.
La preparación requiere paciencia y atención, pero el resultado es espectacular: la carne adquiere una textura suave y fibrosa que se deshace en la boca, mientras que la piel se vuelve crujiente y llena de sabor. Las hierbas aromáticas como el romero y el tomillo penetran profundamente en la carne durante las largas horas de cocción, creando un bouquet de sabores que recuerda a los campos patagónicos.
Para presentar este plato, se recomienda servir el cordero directamente sobre una tabla de madera rústica, acompañado de las papas asadas en las brasas y verduras a la parrilla. La carne se puede desprender del palo en grandes trozos jugosos, ideal para compartir en una mesa familiar o con amigos. La vista del cordero dorado y humeante es tan impresionante como su sabor.
Este plato es perfecto para celebraciones al aire libre, especialmente en días soleados o durante reuniones familiares importantes. La cocción lenta permite socializar mientras se cocina, convirtiendo la preparación en parte de la experiencia gastronómica. El aroma que impregna el ambiente durante las horas de cocción es irresistible y anticipa el festín que está por venir.
Para lograr el punto perfecto, es fundamental controlar la distancia del fuego y la temperatura de las brasas. La paciencia es clave: no se debe apurar el proceso, ya que cada minuto adicional de cocción loya contribuye a la textura final. El resultado es un plato que honra las tradiciones culinarias sudamericanas y ofrece una experiencia sensorial completa.
Para quienes no tienen acceso a brasas, se puede cocinar en horno a 160°C durante 3-4 horas, girando ocasionalmente y añadiendo un poco de caldo en la bandeja para evitar que se seque.
Acompañar con una salsa fresca de menta, yogur natural, jugo de limón y un toque de ajo picado para contrastar con la riqueza de la carne.
Guardar la carne sobrante en un recipiente hermético en el refrigerador. Calentar suavemente en horno a temperatura media para no secar la carne.
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