Un clásico de la gastronomía española con carne tierna y jugosa

El cordero lechal asado es uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía española, especialmente en regiones como Castilla y León, Aragón y Extremadura. Se prepara con corderos jóvenes de menos de 35 días de edad, alimentados exclusivamente con leche materna, lo que confiere a su carne una textura extraordinariamente tierna y un sabor delicado y ligeramente dulce. Esta tradición culinaria se remonta a épocas medievales, cuando el cordero era un alimento fundamental en celebraciones y festividades importantes.
La magia de este plato reside en su aparente simplicidad y en la calidad de la materia prima. La carne del cordero lechal es tan suave que prácticamente se deshace en la boca, con una jugosidad que se conserva gracias a la técnica de asado lento. El sabor es delicado pero distintivo, con notas lácteas que recuerdan a la alimentación del animal, y se realza perfectamente con las hierbas aromáticas y el ajo que se utilizan en la preparación.
La textura es verdaderamente excepcional: la carne es tan tierna que puede cortarse con el tenedor, mientras que la piel exterior adquiere un crujiente dorado perfecto que contrasta maravillosamente con la suavidad interior. La grasa, que se funde durante el asado, impregna la carne de jugosidad sin resultar pesada, creando un equilibrio perfecto entre sabor y textura.
Para la presentación, se recomienda servir el cordero en una fuente grande de barro o cerámica que conserve el calor. Se puede acompañar con las patatas asadas que se han cocinado en los jugos del cordero, absorbiendo todo su sabor. Decorar con ramitas de romero fresco y rodajas de limón aporta un toque de color y frescura visual.
Este plato es ideal para ocasiones especiales y reuniones familiares, donde su imponente presencia en la mesa crea un ambiente festivo y acogedor. El aroma que desprende durante la cocción es irresistible y anticipa el festín que está por venir. Cada bocado es una experiencia sensorial completa que combina tradición, calidad y técnica culinaria.
Para quienes buscan la perfección en este plato, el secreto está en el control de la temperatura y el tiempo de reposo. Dejar reposar la carne después del horneado permite que los jugos se redistribuyan, asegurando que cada porción sea igualmente jugosa y sabrosa. Es un plato que, aunque requiere paciencia, recompensa con creces con su excelencia gastronómica.
Sustituir el romero y tomillo por una mezcla de hierbas provenzales (romero, tomillo, orégano, albahaca) para un sabor más mediterráneo.
Añadir a la mezcla de untar 2 cucharadas de miel y 1 cucharada de mostaza de Dijon para un glaseado dulce y aromático.
Acompañar el cordero con una mezcla de verduras de temporada como zanahorias, cebollas y pimientos además de las patatas.
Guardar el cordero y las patatas por separado en recipientes herméticos en nevera. Calentar en horno a 160°C durante 15-20 minutos o en microondas cubierto.
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