Un clásico de la parrilla con sabor ahumado y tierno

El costillar de cordero a la barbacoa es una preparación tradicional que combina la ternura de la carne de cordero con el sabor ahumado característico de la parrilla. Este plato tiene sus raíces en las tradiciones culinarias de diversas regiones de España, donde el cordero es un ingrediente fundamental en celebraciones y reuniones familiares. La cocción lenta sobre brasas permite que la grasa se derrita lentamente, impregnando la carne de un sabor único y jugoso.
El sabor del costillar de cordero a la barbacoa es intenso y complejo, con notas terrosas del ahumado que contrastan perfectamente con la dulzura natural de la carne. La textura es tierna y jugosa, con la carne desprendiéndose fácilmente del hueso cuando está perfectamente cocinada. La capa exterior adquiere una costra crujiente y caramelizada gracias al marinado y al contacto directo con el fuego.
Para la presentación, se recomienda servir el costillar entero sobre una tabla de madera, acompañado de ramitas de romero fresco que realzan el aroma. La carne debe cortarse en porciones individuales en el momento de servir, permitiendo a los comensales apreciar el contraste entre la costra exterior y el interior jugoso. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra justo antes de servir intensifica los sabores.
Este plato es ideal para reuniones al aire libre y celebraciones, ya que su preparación es todo un espectáculo culinario. El aroma que desprende durante la cocción es irresistible y crea una atmósfera festiva. Se recomienda preparar el marinado con al menos 12 horas de antelación para que los sabores penetren profundamente en la carne.
El costillar de cordero a la barbacoa combina técnicas tradicionales con el encanto de la cocina al aire libre. La elección de la leña es fundamental: la de encina o roble aporta un ahumado suave y aromático, mientras que la de olivo proporciona un sabor más intenso y mediterráneo. La temperatura controlada es clave para lograr la cocción perfecta.
Para acompañar este plato, se sugieren guarniciones sencillas que no compitan con el protagonismo de la carne. Una ensalada fresca de temporada o unas patatas asadas con romero complementan perfectamente los sabores intensos del cordero. La presentación final debe destacar la belleza natural de las costillas y su color dorado.
Añade 2 cucharadas de miel y 1 cucharada de mostaza de Dijon al marinado para un sabor dulce y picante.
Incorpora aceitunas negras picadas y alcaparras al marinado, y sirve con una salsa de yogur con menta.
Guarda las sobras en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, coloca en el horno a 180°C durante 10-15 minutos o hasta que esté caliente.
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