Una crema suave y aromática con el toque fresco de la albahaca

Esta crema de calabacín y albahaca es una deliciosa opción para disfrutar de una cena ligera pero nutritiva. Su textura sedosa y su sabor delicado la convierten en un plato perfecto para cualquier época del año, especialmente en los meses más cálidos cuando buscamos opciones refrescantes.
El calabacín, con su alto contenido en agua y su sutil dulzor natural, se combina magistralmente con el aroma intenso y fresco de la albahaca. Esta hierba aromática no solo aporta un toque mediterráneo inconfundible, sino que también enriquece el perfil de sabores con sus notas ligeramente picantes y dulces.
La cremosidad de esta preparación se logra sin necesidad de añadir nata espesa, ya que el propio calabacín cocido y triturado aporta esa textura aterciopelada tan característica. Para quienes prefieren una versión más cremosa, se puede añadir un poco de queso crema o yogur griego al final de la cocción.
En cuanto a la presentación, esta crema luce especialmente bien servida en cuencos blancos o de colores neutros que resalten su vibrante color verde. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra, unas hojas de albahaca fresca y unos picatostes de pan artesano completan una presentación elegante y apetitosa.
Desde el punto de vista nutricional, esta crema es una excelente fuente de vitaminas, minerales y fibra, con un contenido calórico moderado que la hace ideal para dietas equilibradas. La albahaca aporta además propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Para los amantes de los contrastes de temperatura, esta crema se puede servir tanto caliente como fría, adaptándose perfectamente a las preferencias de cada comensal y a las condiciones climáticas del momento.
Sustituye la albahaca por hojas de menta fresca para un sabor más refrescante y veraniego.
Añade una patata mediana pelada y cortada en cubos junto con el calabacín para una textura más cremosa y consistente.
Incorpora una guindilla pequeña al sofrito o añade un poco de pimentón picante al final para darle un toque de calor.
Deja enfriar completamente la crema y guárdala en un recipiente hermético en el refrigerador. Calienta suavemente antes de servir, añadiendo un poco de caldo o agua si es necesario.