Una crema suave y elegante con el toque aromático de la trufa

La crema de puerros es un clásico de la cocina francesa que ha conquistado paladares en todo el mundo. Originaria de las regiones campestres de Francia, esta preparación humilde se ha transformado en un plato sofisticado gracias a ingredientes como el aceite de trufa blanca, que añade un toque de lujo y complejidad aromática.
Esta crema se caracteriza por su textura sedosa y aterciopelada, lograda mediante la cocción lenta de los puerros y su posterior trituración. Los puerros, con su sabor suave y ligeramente dulce, se complementan perfectamente con la patata, que actúa como espesante natural, y la nata, que aporta cremosidad sin restar ligereza al conjunto.
El aceite de trufa blanca es el elemento distintivo de esta receta. Con su aroma terroso, intenso y ligeramente ajo, transforma una simple crema de verduras en un plato gourmet. Es importante añadirlo al final, justo antes de servir, para preservar todo su bouquet aromático, ya que el calor puede volatilizar sus compuestos más delicados.
Para la presentación, se recomienda servir la crema en cuencos individuales precalentados. Un fino hilo de aceite de trufa blanca dibujado en espiral sobre la superficie, acompañado de unas virutas de parmesano y unas hojas de perifollo fresco, crea un contraste visual y textural delicioso. El color verde pálido de la crema contrasta elegantemente con el marrón dorado del aceite.
Esta crema es perfecta como entrante en cenas formales o como plato principal ligero acompañado de una ensalada fresca. Su versatilidad permite adaptarla a diferentes estaciones: caliente en invierno, templada en primavera. La combinación de sabores sutiles y aromas intensos la convierte en una experiencia sensorial completa.
Un consejo importante es lavar muy bien los puerros, ya que suelen acumular tierra entre sus capas. Cortarlos en rodajas finas y sumergirlos en agua fría, removiendo bien, garantiza que no queden restos de arena. La paciencia en el sofrito inicial es clave para desarrollar los azúcares naturales de las verduras sin que se quemen.
Añade 200g de gambas peladas salteadas en ajo como guarnición sobre la crema.
Sustituye una patata por un calabacín mediano para una versión más ligera.
Acompaña con virutas de jamón serrano crujiente horneado como contraste textural.
Guarda la crema sin el aceite de trufa en un recipiente hermético en el refrigerador. Calienta suavemente antes de servir y añade el aceite de trufa fresco.
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