Una crema suave con el toque aromático de la trufa blanca

Si no quieres que se estropee al final, controla el momento de añadir el aceite de trufa blanca. Su aroma es muy delicado y el calor lo destruye, así que siempre se incorpora en frío, justo al servir.
El éxito de la textura empieza en el sofrito. Es clave que la cebolla, los puerros y el ajo se pochén bien durante esos 10 minutos a fuego medio, hasta que estén blandos pero sin tomar color. Si se doran, la crema tendrá un sabor tostado que tapa la delicadeza del puerro.
Lava los puerros con mimo. Corta las rodajas y sumérgelas en un bol con agua, removiendo bien para que la arena, que suele quedar atrapada entre las capas, se deposite en el fondo. Escúrrelos bien antes de echarlos a la olla; el exceso de agua diluye los sabores.
Cuando añadas el caldo y las patatas, deja cocer a fuego lento el tiempo indicado, hasta que las patatas se deshagan con un tenedor. Ese es el punto perfecto para triturar y conseguir una crema realmente sedosa. Si las patatas no están bien cocidas, quedará granulosa.
Para la nata, la sal, la pimienta y la nuez moscada, espera a después de triturar. Así puedes ajustar el punto de sal y especias con la textura final ya definida. Calienta solo 5 minutos sin hervir para integrar todo.
Si no tienes perifollo, sirve con un poco de cebollino fresco picado. Y si el aceite de trufa blanca no está en tu presupuesto, un buen chorro de aceite de oliva virgen extra aromatizado con una seta seca (porcini) machacada puede dar un toque interesante, aunque distinto.
Sirve la crema en cuencos precalentados. El contraste de temperatura realza el sabor. Dibuja el hilo de aceite de trufa en el último segundo y sirve al momento. Si sobra, guárdala en la nevera sin el aceite ni la decoración. Al recalentarla, hazlo a fuego muy suave y remueve a menudo, ya que las cremas con patata y nata tienden a espesarse.
Añade 200g de gambas peladas salteadas en ajo como guarnición sobre la crema.
Sustituye una patata por un calabacín mediano para una versión más ligera.
Acompaña con virutas de jamón serrano crujiente horneado como contraste textural.
Guarda la crema sin el aceite de trufa en un recipiente hermético en el refrigerador. Calienta suavemente antes de servir y añade el aceite de trufa fresco.
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23 de febrero de 2026
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