Una crema sedosa y aromática con el toque especial del laurel

Esta crema de setas con laurel es un plato reconfortante que combina la tierra aromática de los hongos con el delicado perfume del laurel. Originaria de la tradición culinaria española, esta receta aprovecha las setas de temporada para crear un plato que evoca los bosques otoñales y las cocinas de hogar.
La textura es suave y sedosa, con un equilibrio perfecto entre la cremosidad de la nata y la consistencia terrosa de las setas. El laurel aporta un toque herbal y aromático que complementa sin dominar el sabor principal de los hongos. Cada cucharada ofrece una experiencia sensorial completa, desde el aroma inicial hasta el regusto persistente.
Para la presentación, se recomienda servir la crema bien caliente en cuencos individuales. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra en el momento de servir añade brillo y realza los sabores. Se puede decorar con unas hojitas de perejil fresco o unos trocitos de setas salteadas para dar textura y color.
Esta receta es perfecta para días fríos o como entrante elegante en cenas especiales. La versatilidad de las setas permite adaptar la receta según lo que tengamos disponible: champiñones, setas de cardo, níscalos o cualquier variedad que encontremos en el mercado.
El uso del Thermomix simplifica enormemente el proceso, permitiendo obtener una textura perfectamente homogénea sin necesidad de pasar la crema por el colador chino. Además, el robot mantiene la temperatura ideal durante todo el proceso de cocción.
Para quienes buscan una versión más ligera, se puede sustituir la nata por leche evaporada o incluso omitirla completamente, aunque perderá algo de cremosidad. El laurel es imprescindible en esta receta, ya que su aroma se integra perfectamente con las setas, creando una sinergia de sabores difícil de igualar.
Añade una copa de jerez seco al final de la cocción para un toque sofisticado y aromático.
Ralla un poco de trufa negra fresca sobre la crema al servir para un plato de lujo.
Añade una patata mediana pelada y troceada con las setas para una textura más espesa y cremosa.
Guardar en un recipiente hermético en la nevera. Calentar a fuego medio revolviendo ocasionalmente. No congelar con la nata ya añadida.
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