La salsa base perfecta para postres y helados

La crema inglesa es una de las salsas más versátiles y elegantes de la repostería clásica francesa. Conocida también como crème anglaise, esta emulsión de yemas de huevo, azúcar y leche aromatizada con vainilla es la base fundamental para numerosos postres como helados, natillas, flanes y soufflés. Su textura sedosa y su sabor delicado la convierten en el acompañamiento perfecto para tartas de frutas, bizcochos y postres de chocolate.
El secreto de una buena crema inglesa reside en el control preciso de la temperatura durante la cocción. La mezcla debe calentarse lentamente mientras se bate constantemente hasta alcanzar los 82-85°C, punto en el que las yemas se cocinan sin cuajarse completamente. Este proceso requiere atención constante para evitar que se formen grumos o que la mezcla se convierta en revuelto de huevo. La paciencia y el cuidado son esenciales para lograr esa textura aterciopelada característica.
El sabor de la crema inglesa es delicadamente dulce con notas de vainilla que realzan sin dominar. Su versatilidad permite adaptarla a diferentes aromas: se puede sustituir la vainilla por ralladura de cítricos, infusionar con especias como canela o cardamomo, o incluso añadir licores como Grand Marnier o ron para versiones más sofisticadas. La crema inglesa sirve tanto como salsa para acompañar como base para otras preparaciones.
Para presentar la crema inglesa, se recomienda servirla tibia o fría según el postre que acompañe. Puede verterse en forma de círculo alrededor del postre principal, creando un contraste visual atractivo, o utilizarse como base sobre la que colocar frutas frescas. Al enfriarse, la crema se espesa ligeramente, adquiriendo una consistencia perfecta para mojar galletas o bizcochos.
La conservación de la crema inglesa es sencilla: una vez enfriada completamente, debe guardarse en un recipiente hermético en el refrigerador, donde se mantendrá perfecta durante 2-3 días. Es importante cubrirla con film transparente en contacto directo con la superficie para evitar que se forme una capa seca. Nunca debe congelarse, ya que al descongelar perdería su textura cremosa y podría separarse.
Esta receta básica es el punto de partida para innumerables variaciones creativas. Desde añadir chocolate fundido para crear una salsa de chocolate elegante hasta incorporar puré de frutas para versiones frutales, la crema inglesa es un lienzo en blanco para la creatividad del repostero. Dominar esta técnica abre las puertas a un mundo de posibilidades en la repostería fina.
Añadir 100g de chocolate negro fundido a la crema caliente y batir hasta integrar completamente.
Infusionar la leche con 2 cucharadas de café molido en lugar de vainilla, colando bien antes de usar.
Añadir la ralladura de 1 naranja y 1 limón a la leche durante la infusión.
Guardar en recipiente hermético con film transparente en contacto directo con la superficie de la crema. No congelar.
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