Deliciosas croquetas cremosas con jamón ibérico de bellota

Las croquetas de jamón son uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía española, con una tradición que se remonta a siglos atrás. Originarias como una forma de aprovechar las sobras de cocido y otros guisos, estas delicias fritas han evolucionado hasta convertirse en un manjar por derecho propio. La versión con jamón ibérico de bellota representa la máxima expresión de este plato, donde la calidad del ingrediente principal se traduce en una experiencia gustativa inolvidable.
La textura de una buena croqueta debe ser perfectamente equilibrada: un exterior crujiente y dorado que se abre para revelar un interior cremoso y sedoso. La masa debe ser suave pero con cuerpo, capaz de mantener su forma durante la fritura sin deshacerse. El sabor del jamón debe ser protagonista, con sus notas saladas y ahumadas complementadas por la suavidad de la bechamel y el toque aromático de la nuez moscada.
La preparación requiere paciencia y técnica, especialmente en el punto de la bechamel, que debe cocinarse el tiempo suficiente para perder el sabor a harina cruda pero sin llegar a secarse. El reposo en frío es fundamental para que la masa adquiera la consistencia necesaria para el moldeado. Cada croqueta debe formarse con cuidado, creando pequeñas obras de arte culinarias que prometen deleitar a los comensales.
Para la presentación, se recomienda servir las croquetas sobre una base de papel absorbente para eliminar el exceso de aceite, acompañadas de unas rodajas de limón que aportan frescura y contraste. La disposición en plato puede ser en círculo concéntrico o en línea, siempre buscando la armonía visual. Un toque de perejil fresco picado o unas escamas de sal maldon añaden el toque final de elegancia.
Este plato es perfecto para compartir en reuniones familiares o como entrante en cenas especiales. La versatilidad de las croquetas permite adaptarlas a diferentes ocasiones, desde la más informal hasta la más sofisticada. La clave del éxito reside en la calidad de los ingredientes y en el respeto por los tiempos de cada etapa del proceso.
Al degustarlas, se aprecia primero el crujido del rebozado, seguido inmediatamente por la cremosidad cálida del interior. El jamón ibérico desprende su aroma característico, creando una sinfonía de sabores que se funden en el paladar. Cada bocado es un viaje a la tradición culinaria española, reinventada para el disfrute contemporáneo.
Sustituir el jamón por pollo desmenuzado y setas variadas salteadas
Usar espinacas y queso manchego en lugar de jamón, y caldo de verduras
Formar bolitas pequeñas y servir con palillos como aperitivo
Guardar en recipiente hermético una vez frías. Recalentar en horno a 180°C durante 10 minutos para recuperar el crujiente.
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