Un postre clásico británico con un toque mediterráneo

El crumble de manzana es un postre tradicional británico que se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando la escasez de ingredientes llevó a crear recetas sencillas con frutas de temporada. Esta versión incorpora pistachos tostados en la cobertura crujiente, añadiendo un toque mediterráneo y un sabor ligeramente salado que contrasta perfectamente con la dulzura de las manzanas.
La textura es una de las características más destacadas de este postre: la base de manzanas cocidas se vuelve tierna y jugosa, mientras que la cobertura de crumble ofrece un contraste crujiente y mantecoso. Los pistachos aportan una nota tostada y un color verde vibrante que hace el plato visualmente atractivo. El aroma que desprende durante la cocción, con notas de canela, vainilla y frutos secos, es simplemente irresistible.
Para la preparación, es fundamental elegir manzanas que mantengan cierta textura al cocinarse, como las variedades Granny Smith o Reineta. La combinación de especias puede ajustarse según el gusto personal, pero la canela y la vainilla son imprescindibles para lograr el auténtico sabor del crumble tradicional. El pistacho debe estar bien tostado para desarrollar todo su sabor y aroma.
En cuanto a la presentación, se recomienda servir el crumble caliente directamente del horno, acompañado de una bola de helado de vainilla que se derrite lentamente sobre la superficie caliente. La combinación de temperaturas y texturas -caliente y frío, crujiente y cremoso- es lo que hace este postre verdaderamente especial. Para una versión más elegante, se puede espolvorear azúcar glas por encima y decorar con hojas de menta fresca.
Este postre es perfecto para cualquier época del año, aunque resulta especialmente reconfortante en los meses más fríos. Su preparación es sencilla y no requiere técnicas complicadas, por lo que es ideal tanto para cocineros principiantes como para experimentados que buscan un clásico con un toque innovador.
Para el almacenamiento, el crumble se conserva bien en el refrigerador durante 2-3 días, aunque es preferible consumirlo el mismo día de su preparación para disfrutar al máximo de su textura crujiente. Se puede recalentar suavemente en el horno para recuperar parte de la textura original de la cobertura.
Sustituir las manzanas por peras y añadir 50g de chocolate negro picado a la cobertura de crumble
Reemplazar la mantequilla por margarina vegetal o aceite de coco sólido
Dejar enfriar completamente, cubrir con film transparente y guardar en el refrigerador. Para recalentar, colocar en horno precalentado a 160°C durante 10-15 minutos.
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