Tradicional cocción bajo tierra con mariscos, carnes y papas

El curanto es una de las preparaciones más antiguas y emblemáticas de la cocina chilena, especialmente de la zona sur del país y la Isla de Chiloé. Su origen se remonta a los pueblos originarios mapuches y chonos, quienes desarrollaron esta técnica de cocción bajo tierra como una forma práctica de cocinar grandes cantidades de alimentos para celebraciones comunitarias. La palabra "curanto" proviene del mapudungún "kurantu", que significa "piedra caliente", haciendo referencia al método ancestral de cocción que utiliza piedras volcánicas precalentadas.
Este plato representa una verdadera fiesta de sabores donde se combinan los productos del mar y la tierra en una armonía única. La cocción al vapor bajo tierra permite que todos los ingredientes intercambien sus jugos y aromas, creando una sinfonía de sabores donde cada bocado es una explosión de texturas y aromas. Los mariscos aportan su salinidad característica, las carnes su jugosidad y las verduras su dulzura natural, todo fusionado en una experiencia gastronómica inolvidable.
La textura del curanto es variada y fascinante: los mariscos quedan tiernos pero firmes, las carnes se deshacen en la boca después de horas de cocción lenta, y las papas y legumbres absorben todos los jugos de la cocción. La milcao y el chapalele, masas tradicionales que acompañan el curanto, aportan una textura suave y esponjosa que contrasta perfectamente con los demás ingredientes.
Para la presentación tradicional, se sirve directamente sobre hojas de nalca o repollo, creando una mesa colorida y festiva. La costumbre es disponer todos los ingredientes en el centro de la mesa para que los comensales se sirvan a su gusto, acompañado de pebre chileno y un buen vino tinto. La experiencia visual es impresionante: los vibrantes colores de los mariscos contrastan con los tonos dorados de las carnes y el verde de las hojas.
El curanto no es solo un plato, es un ritual social que reúne a familiares y amigos alrededor de la preparación y degustación. La excavación del hoyo, la preparación de las piedras calientes y el armado de las capas requiere participación colectiva, fortaleciendo los lazos comunitarios mientras se anticipa el festín. Cada región tiene sus variaciones, pero el espíritu festivo y comunitario permanece constante.
Para quienes deseen preparar curanto en casa sin la posibilidad de hacer un hoyo en la tierra, existen versiones adaptadas que utilizan ollas grandes o marmitas, conocidas como "curanto en olla" o "pulmay". Aunque el sabor ahumado de la cocción bajo tierra es único, estas versiones permiten disfrutar de la esencia del plato con mayor practicidad, manteniendo la combinación mágica de sabores que ha hecho del curanto un símbolo de la gastronomía chilena.
Versión adaptada para cocina doméstica usando una olla grande o marmita. Se colocan los ingredientes en capas similares pero se cocina a fuego medio-bajo durante 1.5-2 horas.
Sustituye las carnes y mariscos por más variedad de verduras: berenjenas, champiñones, pimientos y tofu ahumado, manteniendo las papas, zapallo y masas tradicionales.
Enfocado exclusivamente en mariscos, incluyendo además de los tradicionales: ostiones, erizos, navajuelas y camarones, ideal para zonas costeras.
Guarda los ingredientes separados en recipientes herméticos en el refrigerador. Recalentar al vapor o en microondas, aunque el sabor y textura serán mejores recién preparado.
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