Fresca, con pasta al dente y calabacín bien asado

Para que quede de diez, empieza por no pasarte con el agua en el calabacín. Al asarlo, extiende bien las rodajas en la bandeja, sin amontonarlas, y déjalas hasta que estén bien doradas y tiernas. Si las sacas antes, soltarán agua y empaparán la ensalada.
El otro punto clave es la pasta. Cocínala al dente y, tras escurrirla, enjuágala con agua fría para cortar la cocción al instante. Así no se seguirá ablandando y se pegará menos.
Para el aliño, emulsiona bien el aceite con el zumo de limón y la miel batiendo con energía. Pruébalo siempre antes de echar. Si te falta acidez, más limón; si está muy ácido, un poco más de miel o aceite. Añade el ajo picado muy fino para que no repita.
Al montar, mezcla con suavidad para no romper el calabacín ni el queso feta. Si vas a guardarla, deja el aliño y las hierbas picadas aparte y añádelos justo al servir. Así la pasta no absorbe todo el líquido y las hierbas no se marchitan.
Un truco: si no tienes piñones, puedes usar almendras fileteadas tostadas. Y si el feta te parece salado, enjuágalo brevemente bajo el grifo y sécalo antes de cortarlo.
Añadir 200g de pechuga de pollo a la plancha cortada en tiras para una versión más proteica.
Sustituir el calabacín por berenjena asada cortada en cubos.
Usar pasta de lentejas o garbanzos para aumentar el contenido proteico y de fibra.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Consumir dentro de 2 días. Mezclar bien antes de servir.
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23 de febrero de 2026
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