Una guarnición crujiente y aromática en 15 minutos

Si quieres que siempre te salga bien, fija el tamaño de los floretes de brócoli. Cortarlos del tamaño de un bocado es clave para que se impregnen bien del aliño y sean fáciles de comer. Si el tallo está tierno, pélalo ligeramente y córtalo en rodajas finas para aprovecharlo.
El aliño es sencillo pero tiene su punto. Para que emulsione bien y no se separe, bátelo con energía en un tazón pequeño. La mostaza de Dijon actúa como estabilizante natural. Pruébalo y ajusta el punto de sal y acidez (con más limón) antes de echarlo a la ensalada.
Al mezclar, vierte el aliño sobre el brócoli, la cebolla y el tomillo y remueve bien para cubrir todo. Añade el queso feta al final y mézclalo con suavidad para que no se deshaga por completo. Aquí tienes dos opciones: si lo prefieres muy crujiente, sírvelo al momento. Si quieres que los sabores se integren mejor, déjalo reposar unos 5-10 minutos.
Un par de notas prácticas: si no tienes miel, usa un poco de sirope de agave o azúcar moreno disuelto. Y si el tomillo fresco no está, el seco también vale, pero usa la mitad de la cantidad. Para darle un toque extra de textura, espolvorea con almendras o piñones tostados justo al servir.
Añade 100g de bacon crujiente picado para un toque salado y crujiente.
Incorpora 100g de uvas rojas cortadas por la mitad o manzana verde en cubos para un contraste dulce.
Sustituye el tomillo por romero fresco o albahaca según la temporada y disponibilidad.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Consumir preferentemente en 2 días. La textura del brócoli puede volverse menos crujiente con el tiempo.
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23 de febrero de 2026
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