Fresca, crujiente y lista en minutos

Para que quede de diez, empieza por secar muy bien el calabacín rallado. Si queda húmedo, el aliño se diluye y la ensalada se aguada. Mi consejo es usar un paño limpio o un centrifugador de lechugas para escurrir el exceso de agua después de rallarlo.
El punto más delicado es tostar los piñones. Pon la sartén a fuego medio y no los pierdas de vista. En 2-3 minutos pueden pasar de dorados a quemados. Muévelos constantemente y sácalos en cuanto huelan a nuez tostada; seguirán cociendo un poco con el calor residual.
Para el aliño, bate con energía el aceite y el limón con el ajo picado fino hasta que emulsione y se vea ligeramente cremoso. Pruébalo y ajusta el punto de sal antes de mezclarlo, teniendo en cuenta que el parmesano ya aporta salinidad. Si no tienes limón fresco, usa vinagre de manzana, pero el resultado será diferente.
Mezcla el calabacín, el perejil y el queso con el aliño justo antes de servir. Añade los piñones en el último momento para que no se reblandezcan. Si quieres prepararla con antelación, guarda por separado el calabacín seco, el aliño y los piñones, y combínalos en el plato.
Sustituye la mitad del perejil por hojas de menta fresca para un sabor más refrescante y aromático.
Omite el queso parmesano y añade levadura nutricional para un sabor similar sin lácteos.
Usa nueces picadas o almendras laminadas en lugar de piñones para variar la textura y sabor.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Mejor consumir el mismo día ya que el calabacín puede soltar agua y perder textura.
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23 de febrero de 2026
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