Una guarnición fresca y rápida, perfecta para acompañar

Si vas con poco margen de error, céntrate en el punto de cocción de los espárragos. Cocínalos solo 2-3 minutos en agua hirviendo y párales la cocción en agua helada al instante. Así mantendrán el color y una textura crujiente, que es la base de la ensalada.
El aliño es sencillo pero tiene su truco: usa la ralladura del limón además de su zumo. Solo la parte amarilla, evitando la blanca que amarga. Mézclala con el ajo picado muy fino, el aceite y la sal. Bátelo bien para que emulsione y se adhiera a los vegetales.
Asegúrate de que los espárragos y el perejil estén bien secos después de lavarlos. Si queda agua, el aliño no se pegará bien y la ensalada quedará aguada. Para el perejil, usa solo las hojas y los tallos más tiernos, picándolo justo antes de mezclar para que no se oxide.
Si no la vas a servir en el momento, guarda el aliño aparte y mézclalo en el último minuto. Así los espárragos no perderán su textura. Si quieres añadir un toque extra, unas almendras laminadas tostadas aportan un crujido agradable, pero no es imprescindible.
Añade 50g de almendras fileteadas tostadas justo antes de servir para un toque crujiente y de sabor a nuez.
Desmorona 100g de queso de cabra fresco sobre la ensalada terminada para un contraste cremoso y ligeramente ácido.
Añade 200g de tomates cherry cortados por la mitad para un toque de color y dulzura natural.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Consumir dentro de las 48 horas. Mezclar bien antes de servir ya que el aliño puede separarse.
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23 de febrero de 2026
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