Una guarnición fresca y aromática para acompañar cualquier plato

Si vas con poco margen de error, céntrate en el punto de cocción de los espárragos. Cocinarlos 2-3 minutos y enfriarlos en agua con hielo es clave para que queden tiernos pero crujientes, no blandos.
El aliño es sencillo, pero asegúrate de batirlo bien para que la miel se integre y emulsione con el aceite y el limón. Pruébalo siempre y ajusta la sal y la acidez a tu gusto antes de echarlo.
Para que no se apelmacen, añade el queso feta al final, solo para mezclar ligeramente. Si preparas con antelación, guarda los ingredientes y el aliño por separado y combínalos justo al servir. Así los espárragos mantendrán su textura.
Si no tienes miel, una pizca de azúcar en el aliño también equilibra la acidez del limón. Y si el tomillo fresco no está disponible, el seco funciona, pero úsalo con más moderación porque su sabor es más concentrado.
Sirve la ensalada inmediatamente después de cocinar los espárragos, sin enfriarlos en agua con hielo. El calor realzará los aromas del tomillo.
Sustituye el queso feta por tofu desmenuzado marinado en limón y especias, y la miel por sirope de agave.
Añade 50g de nueces picadas o almendras fileteadas tostadas para dar textura crujiente y sabor a nuez.
Guardar en un recipiente hermético sin el aliño. El aliño debe añadirse justo antes de servir para mantener la textura de los espárragos.
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23 de febrero de 2026
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