Una salsa verde fresca y versátil para pescados, pollo o verduras

Si alguna vez te quedó regular, seguramente fue por no secar bien las espinacas y las hierbas. El exceso de agua diluye los sabores y arruina la textura. Usa una centrifugadora de ensaladas o papel de cocina y sécalas a conciencia; es el paso más importante.
Para la base, procesa primero las espinacas con el ajo y solo la mitad del aceite de oliva. Así controlas mejor la textura y evitas que se caliente en exceso. Añade después las alcaparras (bien escurridas) y las hierbas, y procesa solo 15-20 segundos. Quieres que se noten pequeños trocitos, no un puré homogéneo.
La emulsión es clave. Con el robot en marcha, añade el resto del aceite en un hilo fino y luego el zumo de limón. Si lo echas todo de golpe, puede cortarse. Prueba y ajusta el punto de sal con cuidado, porque las alcaparras ya aportan salinidad.
No la sirvas recién hecha. Deja que repose al menos 15 minutos a temperatura ambiente para que los sabores se integren. Si la guardas en la nevera, sácala un rato antes, remuévela y añade un chorrito de aceite o limón si ha quedado espesa.
Añade 2 cucharadas de yogur griego o crema agria para una textura más suave y un sabor ligeramente ácido.
Incorpora 20g de piñones tostados o almendras fileteadas para añadir crujiente y profundidad de sabor.
Añade media guindilla roja fresca o una pizca de copos de chile para darle un toque picante.
Conservar en un recipiente hermético en la nevera. Antes de servir, dejar a temperatura ambiente 15 minutos y remover suavemente.
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23 de febrero de 2026
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