Pan italiano de garbanzos, crujiente por fuera y tierno dentro

Si quieres que te salga a la primera, empieza por respetar el tiempo de reposo de la masa. Es lo que permite que la harina de garbanzos se hidrate bien y evita que quede con una textura granulosa o arenosa. Bate la mezcla con energía para emulsionar bien el aceite y el agua.
El segundo punto clave es el molde caliente y engrasado. Calentar el molde con el aceite en el horno antes de echar la masa es lo que garantiza que la base quede crujiente desde el primer momento. Usa un molde de metal, mejor si es bajo y ancho, para que se dore uniformemente.
Al sacar la masa de la nevera, verás una capa de espuma en la superficie. Remuévela bien para integrarla antes de verterla en el molde. Hornea a 220°C hasta que los bordes estén dorados. Para el toque final, unos minutos bajo el grill le darán ese color dorado perfecto a la superficie, pero vigílalo de cerca para que no se queme.
Déjalo reposar solo 5 minutos en el molde antes de cortarlo. Si lo dejas más, el vapor ablandará la base crujiente. Sírvelo al momento, con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y pimienta negra recién molida. No se conserva bien, es de esos platos que hay que disfrutar recién hecho.
Añadir 1 cebolla grande finamente picada y salteada en aceite de oliva a la masa antes de hornear.
Incorporar 100 g de aceitunas negras deshuesadas y picadas a la masa.
Espolvorear 100 g de queso parmesano rallado sobre la masa justo antes de hornear.
Dejar enfriar completamente, envolver en papel de aluminio o guardar en un recipiente hermético. Para recalentar, colocar en horno precalentado a 180°C durante 5-7 minutos.
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23 de febrero de 2026
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