Tortitas de trigo sarraceno rellenas con jamón, queso y huevo

Las galettes bretonas son un plato tradicional de la región de Bretaña en Francia, elaboradas con harina de trigo sarraceno que les otorga un característico color grisáceo y un sabor ligeramente terroso y a nuez. A diferencia de los crepes dulces, estas tortitas saladas son más finas y se cocinan hasta quedar crujientes en los bordes, creando un contraste de texturas perfecto con los jugosos rellenos que contienen en su interior.
El origen de las galettes se remonta al siglo XIII, cuando el trigo sarraceno fue introducido en Bretaña por los cruzados. Los agricultores bretones, enfrentados a suelos pobres y climas duros, encontraron en este pseudocereal una alternativa resistente que se adaptaba perfectamente a sus condiciones. Con el tiempo, las galettes se convirtieron en el plato emblemático de la región, especialmente popular entre los campesinos y pescadores por su valor nutritivo y facilidad de preparación.
El sabor distintivo del trigo sarraceno combina maravillosamente con los ingredientes clásicos del relleno: jamón cocido de calidad, queso gruyère fundido y un huevo que se cocina dentro de la propia galette. La yema queda cremosa mientras que la clara se solidifica, creando una textura sedosa que se integra perfectamente con el crujiente de la masa. El contraste entre lo crujiente de los bordes y lo tierno del centro es una experiencia sensorial única.
Para la presentación tradicional, se sirve la galette doblada en forma de cuadrado, dejando visible el huevo en el centro. Se acompaña con una ensalada verde fresca aderezada con vinagreta de mostaza, que limpia el palato entre cada bocado. En Bretaña es común verlas en los mercados callejeros, donde se cocinan al momento en grandes planchas circulares y se sirven en platos de papel.
Un consejo importante es dejar reposar la masa al menos una hora antes de cocinar, lo que permite que la harina se hidrate completamente y se desarrollen los sabores. La consistencia debe ser similar a la de la nata líquida, lo que garantiza que se extienda finamente en la sartén. La temperatura de cocción es crucial: lo suficientemente alta para crear esos bordes crujientes característicos, pero no tanto como para quemar la masa.
Finalmente, la versatilidad de las galettes permite múltiples variaciones de relleno, desde opciones vegetarianas con espinacas y champiñones hasta combinaciones más elaboradas con mariscos frescos. Sin embargo, la versión clásica con jamón, queso y huevo sigue siendo la favorita por su equilibrio perfecto de sabores y texturas, representando auténticamente la esencia de la cocina bretona.
Sustituye el jamón por espinacas salteadas y champiñones laminados. Añade un poco de nata para cocinar para mayor cremosidad.
Usa gambas peladas, vieiras y mejillones cocidos. Añade un toque de eneldo fresco y un chorrito de vino blanco.
Añade champiñones salteados, jamón y un huevo. Espolvorea con queso emmental y gratina bajo el grill del horno.
Guarda las galettes cocinadas en un recipiente hermético en la nevera. Para recalentar, colócalas en una sartén antiadherente a fuego medio durante 2-3 minutos por cada lado. No se recomienda congelar ya que la textura de la masa se vería afectada.
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