Masas secas clásicas y crujientes perfectas para acompañar el té o café

Las galletas de mantequilla son un clásico de la repostería española que ha pasado de generación en generación. Estas masas secas, también conocidas como 'galletas de té', tienen su origen en las meriendas tradicionales de la abuela, donde el aroma a mantequilla y vainilla llenaba la cocina familiar. Su sencillez y elegancia las convierten en el acompañamiento perfecto para cualquier momento del día.
La textura de estas galletas es verdaderamente especial: crujientes por fuera pero con un interior ligeramente tierno que se deshace en la boca. El secreto está en la proporción exacta de mantequilla y harina, que crea esa consistencia característica que tanto nos gusta. Cada bocado ofrece un equilibrio perfecto entre dulzura y mantecosidad, con notas sutiles de vainilla que realzan el sabor sin resultar empalagosas.
Estas galletas son increíblemente versátiles y se adaptan a cualquier ocasión. Pueden servirse solas como un snack ligero, acompañadas de mermelada casera para el desayuno, o como base para postres más elaborados. Su presentación clásica con el tenedor marcado en el centro no solo es decorativa, sino que ayuda a que se horneen de manera uniforme.
Para lograr el mejor resultado, es fundamental trabajar la masa con las manos frías y no amasarla en exceso, ya que el calor de las manos puede derretir la mantequilla y afectar la textura final. El reposo en la nevera antes de hornear es otro paso clave que garantiza que las galletas mantengan su forma y no se extiendan demasiado en el horno.
La presentación tradicional consiste en colocarlas en una bandeja de porcelana o madera, apiladas de forma ordenada o dispuestas en círculo. Pueden espolvorearse con azúcar glas justo antes de servir para darles un toque extra de dulzura y elegancia. Son perfectas para regalar en latas decoradas o para servir en reuniones familiares.
Estas galletas de mantequilla no solo son deliciosas, sino que también representan un pedacito de historia culinaria. Cada hornada transporta a esos momentos especiales alrededor de la mesa, donde lo simple se convierte en extraordinario gracias al cariño con el que se prepara.
Sustituye 30 g de harina por cacao en polvo sin azúcar para obtener galletas de chocolate.
Añade 50 g de nueces picadas o almendras laminadas a la masa antes de formar las galletas.
Guarda las galletas completamente frías en un recipiente hermético a temperatura ambiente. Coloca una hoja de papel de hornear entre capas para evitar que se peguen.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.