Clásico francés cremoso y dorado

El Gratinado Dauphinois es un clásico de la cocina francesa originario de la región de Dauphiné. Esta receta tradicional se caracteriza por su textura cremosa y suave, con capas de patata finamente cortadas que se cocinan lentamente en una mezcla de nata y leche, aderezadas con nuez moscada y ajo. A diferencia del gratinado común, el Dauphinois auténtico no lleva queso en su preparación, lo que permite destacar el sabor natural de la patata y la riqueza de la nata.
La clave de este plato reside en el corte uniforme de las patatas, preferiblemente con mandolina para obtener láminas del mismo grosor. Esto garantiza una cocción homogénea donde todas las capas quedan tiernas pero no deshechas. El resultado es un acompañamiento elegante que combina perfectamente con carnes asadas, aves o pescados, aportando un contraste cremoso y reconfortante.
El sabor del Dauphinois es delicadamente aterciopelado, con notas sutiles de ajo y nuez moscada que realzan sin dominar. La superficie se dora ligeramente en el horno, creando una costra dorada que contrasta con el interior cremoso. Es importante no confundirlo con el gratinado de patatas con queso, ya que la versión original francesa se centra en la textura y la cremosidad más que en el sabor del queso.
Para la presentación, se sirve directamente en la fuente de horno o se emplata individualmente. Se puede decorar con perejil fresco picado o romero para añadir un toque de color. La consistencia debe ser firme pero no seca, manteniendo la humedad característica que lo hace tan especial. Es un plato que mejora su sabor si se deja reposar unos minutos antes de servir.
Este acompañamiento es perfecto para ocasiones especiales pero también puede disfrutarse en comidas familiares. Su versatilidad lo convierte en un favorito en la gastronomía francesa, capaz de elevar cualquier plato principal. La técnica es sencilla pero requiere paciencia y atención al tiempo de cocción para lograr la textura perfecta.
Un consejo importante es utilizar patatas de variedad adecuada para horno, como la Kennebec o la Monalisa, que mantienen su estructura durante la cocción lenta. La nata debe ser de buena calidad, con al menos 35% de materia grasa, para obtener la cremosidad característica sin que se corte durante la cocción.
Añadir 100g de queso Gruyère rallado entre las capas y espolvorear más por encima antes de hornear para una versión más gratinada.
Sustituir la mitad de las patatas por patata dulce para un sabor más dulce y color anaranjado.
Usar nata ligera (15% materia grasa) y leche semidesnatada para reducir las calorías manteniendo la cremosidad.
Dejar enfriar completamente, cubrir con film transparente y refrigerar. Recalentar en horno a 160°C durante 20-25 minutos o en microondas a potencia media.
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