Un guiso marinero donde la frescura de las almejas es la clave

Para clavar el punto, céntrate en la frescura de las almejas. Si alguna está abierta antes de cocinar y no se cierra al tocarla, tírala sin dudar. El purgado en agua con sal es imprescindible para que suelten toda la arena; si te lo saltas, arruinarás el plato.
El sofrito de ajo, cebolla y pimiento debe quedar bien pochado, sin prisas. Cuando añadas la harina, remuévela bien durante ese minuto para que no sepa a crudo. Luego, deja que el vino blanco seco reduzca a la mitad; es el momento en el que pierde el alcohol y concentra su sabor.
Al echar las almejas, tapa la cazuela y mantenla a fuego medio-alto. No las cuezas más de 5-7 minutos. En cuanto se abran, están listas. Si alguna sigue cerrada, deséchala. Añade el perejil fresco picado al final, fuera del fuego, para que no pierda su aroma. Sirve al momento, la salsa se espesa un poco al reposar, pero lo ideal es tomarla recién hecha.
Si no tienes caldo de pescado, puedes usar agua, pero la salsa perderá cuerpo. Para darle más intensidad, puedes añadir una pizca de pimentón dulce al sofrito. El pan para mojar es casi obligatorio.
Añade mejillones, gambas y trozos de pescado blanco junto con las almejas para crear un guiso de mariscos completo.
Incorpora 2 tomates maduros pelados y picados al sofrito para una salsa más sustanciosa y colorida.
Añade 100g de chorizo picadito al sofrito para dar un sabor ahumado y español al guiso.
Guarda las sobras en un recipiente hermético en el refrigerador. Calienta suavemente a fuego bajo antes de servir, añadiendo un poco de agua si la salsa está muy espesa.
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23 de febrero de 2026
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