Un guiso vegano reconfortante, con el truco en el pimentón

El punto delicado de esta receta está en añadir el pimentón al final del sofrito, justo antes de verter el caldo. Si se fríe demasiado o a fuego muy fuerte, se quema y amarga todo el guiso. Mi consejo es incorporarlo, remover bien durante menos de un minuto y añadir líquido inmediatamente.
Para que el seitán quede con buena textura y no gomoso, no lo añadas al principio. Échalo junto con las patatas, así se cocinará en el caldo sin resecarse. Si usas seitán de bote, escúrrelo bien; si es casero, no pasa nada.
El tomate concentrado necesita su minuto de cocción en el sofrito para perder el sabor crudo y endulzarse. No lo saltes.
La salsa quedará más o menos espesa dependiendo de las patatas. Si al final de la cocción está muy líquida, sube el fuego y deja reducir destapado unos minutos. Si prefieres un guiso más caldoso, simplemente sírvelo tal cual.
Este plato gana mucho si se deja reposar un rato, incluso sabe mejor al día siguiente. Se conserva perfectamente en la nevera 3-4 días y se recalienta a fuego suave. Si al guardarlo absorbe mucho caldo, añade un poco de agua al recalentar.
Añadir 1 cucharadita de pimentón picante o unas gotas de salsa picante para darle un toque picante al guiso.
Incorporar 1 taza de garbanzos cocidos durante los últimos 10 minutos de cocción para añadir más proteína y fibra.
Sustituir el seitán por tofu firme o tempeh para una versión sin gluten del guiso.
Dejar enfriar completamente el guiso y guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Calentar a fuego medio antes de servir.
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23 de febrero de 2026
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