Una bebida reconfortante y relajante

La infusión de manzanilla es una de las bebidas más antiguas y apreciadas en todo el mundo. Originaria de Europa y Asia Occidental, esta planta medicinal ha sido utilizada durante siglos por sus propiedades calmantes y digestivas. Su nombre científico, Matricaria chamomilla, revela su larga historia en la medicina tradicional, donde se ha empleado para aliviar malestares estomacales, reducir la ansiedad y promover un sueño reparador.
El sabor de la infusión de manzanilla es delicadamente dulce y floral, con notas herbáceas suaves que recuerdan a la manzana fresca. Su aroma es reconfortante y cálido, evocando sensaciones de tranquilidad y bienestar. La textura es ligera y acuosa, con un cuerpo suave que se desliza suavemente por la garganta, dejando un regusto agradable y persistente.
Para preparar la infusión perfecta, es fundamental respetar los tiempos de infusión y la temperatura del agua. El agua no debe hervir completamente, ya que el calor excesivo puede destruir los compuestos volátiles responsables de sus propiedades y sabor. La temperatura ideal se encuentra entre los 80 y 90 grados Celsius, lo que permite una extracción óptima de los principios activos.
La presentación de esta infusión es sencilla pero elegante. Se sirve tradicionalmente en tazas de cerámica o porcelana, preferiblemente de color claro para apreciar su tonalidad dorada pálida. Se puede acompañar con una rodaja de limón o una cucharadita de miel para realzar su sabor natural. En ocasiones especiales, se decora con unas flores de manzanilla frescas flotando en la superficie.
Esta bebida es especialmente recomendable para las noches, después de las comidas o en momentos de estrés. Su efecto relajante ayuda a preparar el cuerpo y la mente para el descanso, convirtiéndola en el complemento perfecto para rituales nocturnos. Además, su versatilidad permite combinarla con otras hierbas como la menta o la lavanda para crear mezclas personalizadas.
Desde el punto de vista nutricional, la manzanilla es rica en antioxidantes y compuestos antiinflamatorios como los flavonoides. No contiene cafeína, por lo que es adecuada para cualquier hora del día. Su preparación es tan sencilla que cualquiera puede disfrutar de sus beneficios, convirtiéndola en un hábito saludable fácil de incorporar en la rutina diaria.
Añade una cucharadita de flores de lavanda secas a la manzanilla para una infusión más relajante con notas florales intensas.
Incorpora unas rodajas finas de jengibre fresco durante la infusión para un toque picante y digestivo.
Prepara la infusión normalmente, déjala enfriar a temperatura ambiente y luego refrigera. Sirve con hielo y una rodaja de limón para el verano.
Es mejor consumir la infusión inmediatamente después de prepararla. Las flores de manzanilla secas se deben guardar en un recipiente hermético en un lugar fresco y seco, protegido de la luz.