Bebida floral refrescante, perfecta para calmar y relajar

Si quieres que siempre te salga bien, fija la calidad de la lavanda. Usa solo flores secas de calidad alimentaria, nunca ornamental, que puede tener pesticidas. Es la regla número uno.
El método de infusión en frío es clave para un sabor suave. Al evitar el calor, extraes el aroma floral sin liberar los compuestos amargos. En la jarra, mezcla el agua fría con la lavanda y las tiras de cáscara de limón, evitando la parte blanca para que no amargue.
El tiempo de reposo en la nevera marca la diferencia. 4 horas es el mínimo, pero de 6 a 8 horas dará una infusión mucho más intensa y aromática. No tengas prisa.
Para endulzar, usa miel de agave o sirope de arce, que se disuelven bien en frío. Añádelo solo después de colar, así puedes probar y ajustar la cantidad a tu gusto. Si la guardas en la nevera, hazlo sin el hielo y sin endulzar para que se conserve mejor.
Al servir, un vaso alto con mucho hielo realza la frescura. Si quieres darle un toque especial, congela alguna flor de lavanda en los cubitos o añade un chorrito de agua con gas justo al servir.
Añade un puñado de hojas de menta fresca durante el proceso de infusión para un toque refrescante y vigorizante.
Incorpora el jugo de 2 limones junto con la cáscara y aumenta ligeramente el endulzante para obtener una limonada floral.
Justo antes de servir, mezcla la infusión colada con agua con gas en proporción 2:1 para una versión burbujeante.
Conservar en una jarra o botella de cristal con tapa hermética en el refrigerador. Consumir preferentemente en los primeros 3 días para mantener el sabor y aroma óptimos.
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23 de febrero de 2026
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