Una bebida fresca y natural, perfecta para preparar con antelación

Lo que más se nota en el resultado final es la calidad de la menta fresca. Si no está en su punto, la infusión quedará sosa. Lávala bien, pero sécala con cuidado para no machacar las hojas antes de tiempo y que pierdan sus aceites.
El truco está en la infusión en frío. Al usar agua a temperatura ambiente y dejarla reposar en la nevera mínimo 4 horas (mejor toda la noche), el sabor que se extrae es más suave, aromático y menos amargo que si la hierves. No hace falta remover, solo paciencia.
Añade la miel siempre después de colar. Si la echas al principio, se pegará a las hojas y no se disolverá bien. Remueve con energía hasta que no queden hilos en el fondo de la jarra.
Para servir, llena el vaso de hielo y luego vierte la infusión. Así se enfría al instante sin diluirse demasiado. Si la preparas con antelación, guárdala en la nevera ya colada y endulzada; aguanta perfectamente varios días. Si quieres variar, un chorrito de limón al servir le va de maravilla, pero no lo añadas antes de guardarla o puede amargar.
Añadir el zumo de medio limón y la cáscara rallada de un limón durante el proceso de infusión para un sabor cítrico refrescante.
Incorporar 2-3 rodajas finas de jengibre fresco junto con la menta para dar un toque picante y digestivo adicional.
Añadir un puñado de frambuesas, moras o arándanos frescos o congelados durante la infusión para un sabor afrutado y color rosado.
Guardar en una jarra o botella de vidrio con tapa hermética en el refrigerador. Colar antes de almacenar para evitar que las hojas de menta continúen infusionando y amarguen la bebida.
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23 de febrero de 2026
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