El truco está en el jarabe y en machacar la menta justo

Si es la primera vez que la haces, ojo con el jarabe de azúcar. No lo hiervas, solo caliéntalo hasta que el azúcar se disuelva por completo y luego déjalo enfriar. Si lo añades caliente al zumo de limón, cocinará la fruta y amargará el sabor.
Para la menta, el objetivo es liberar su aroma sin triturarla. Machaca ligeramente las hojas en el fondo de la jarra con el dorso de una cuchara. Si las rompes demasiado, pueden soltar un sabor herbáceo y amargo que dominará la bebida.
Mi consejo es que pruebes el punto de dulzor antes de añadir todo el agua. Mezcla primero el zumo con el jarabe frío, prueba y ajusta. Así evitas que te quede sosa si añades mucho hielo después. Si prefieres endulzar con miel, disuélvela en el agua caliente igual que el azúcar.
El reposo final de 10 minutos en la nevera es clave para que los sabores se integren. Sírvela bien fría, con el hielo ya en la jarra, para que no se diluya rápido en el vaso. Si la preparas con mucha antelación, la menta puede oscurecerse; es mejor hacerla justo antes de tomar.
Añade 200g de fresas trituradas al jarabe de azúcar para obtener un color rosado y sabor afrutado
Incorpora 2 cucharadas de jengibre fresco rallado al jarabe para un toque picante y digestivo
Sustituye el azúcar por edulcorante natural como estevia o monk fruit
Conservar en jarra tapada en el refrigerador. Consumir dentro de las 48 horas para mantener la frescura de la menta.
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23 de febrero de 2026
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