Una masa de pizza fácil, sin amasar y con mucho sabor.

Si no quieres que se estropee al final, controla la temperatura del agua. Debe estar tibia, no caliente, para no matar la levadura. Usa agua tibia y mezcla todo hasta que quede una masa muy pegajosa; no intentes amasarla ni añadir más harina, está bien así.
El punto clave es la primera fermentación. Cubre el bol y déjala reposar a temperatura ambiente durante 12-18 horas. Verás cómo duplica su volumen y se llena de burbujas. Esa espera es la que desarrolla el gluten y el sabor, no la puedes saltar.
Para manipular la masa después de tantas horas, necesitarás harina. Espolvorea generosamente la superficie y tus manos. Sácala con cuidado, divídela en 4 bolas y déjalas reposar otras 2 horas en una bandeja, bien separadas.
Para hornear, precalienta el horno a 250°C con la bandeja o piedra dentro. Estírala con las manos, añade el topping ligero y hornea unos 10-12 minutos. Si la masa se te pega al estirar, usa un poco más de harina. Si prefieres una base más fina, estírala más; para un cornicione grueso, deja los bordes sin tocar.
Sustituye 200g de harina blanca por harina integral para una versión más saludable y con más fibra.
Añade 2 cucharadas de hierbas secas (orégano, albahaca, tomillo) a los ingredientes secos para una masa aromática.
Después de la primera fermentación, la masa puede refrigerarse en un recipiente hermético hasta 3 días. Dejar atemperar 2 horas antes de usar.
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23 de febrero de 2026
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