Pan tradicional suave y esponjoso

La mogolla es un pan tradicional colombiano que se caracteriza por su textura suave, esponjosa y su corteza dorada y crujiente. Este pan es un clásico en las mesas colombianas, especialmente en la región de Antioquia, donde se consume en el desayuno, acompañado de café con leche, o como parte del almuerzo con mantequilla y queso fresco.
Su historia se remonta a la época colonial, cuando los españoles introdujeron las técnicas de panadería en América. Con el tiempo, los panaderos colombianos adaptaron las recetas europeas utilizando ingredientes locales, dando origen a variedades regionales como la mogolla, que se distingue por su forma redondeada y su miga blanca y aireada. El nombre 'mogolla' proviene del término mojarra, haciendo referencia a su forma ovalada similar a este pez.
El sabor de la mogolla es ligeramente dulce y mantecoso, con notas sutiles de levadura que se equilibran perfectamente con la textura. La miga es tierna y húmeda, mientras que la corteza ofrece un contraste deliciosamente crujiente. Este pan es versátil y puede disfrutarse tanto dulce como salado, siendo perfecto para sandwiches, tostadas o simplemente untado con mantequilla.
Para lograr la textura perfecta, es fundamental respetar los tiempos de fermentación y amasado. La primera fermentación permite que la masa desarrolle su estructura y sabor, mientras que el segundo levado asegura que el pan quede liviano y esponjoso. El horneado a temperatura alta crea esa corteza dorada característica que tanto se aprecia.
En cuanto a la presentación, las mogollas tradicionales tienen un aspecto rústico y hogareño. Se pueden servir enteras sobre una tabla de madera para que cada comensal corte su porción, o individualmente en cestas de pan forradas con un paño de cocina. Para una presentación más elegante, se pueden acompañar con mantequilla moldeada en formas decorativas y mermeladas caseras en pequeños frascos.
Este pan es ideal para compartir en familia o para sorprender a invitados con un producto artesanal hecho en casa. Aunque requiere tiempo y paciencia, el resultado final vale cada minuto de espera, ofreciendo un pan fresco, aromático y con ese sabor auténtico que solo se logra con ingredientes de calidad y técnicas tradicionales.
Sustituir 200g de harina blanca por harina integral para un pan más nutritivo y con más fibra.
Añadir 50g de semillas de sésamo, girasol o calabaza a la masa antes del amasado.
Aumentar el azúcar a 50g y añadir 1 cucharadita de canela en polvo a la masa.
Guardar en una bolsa de papel o tela a temperatura ambiente. No refrigerar, ya que el frío acelera el endurecimiento. Para recalentar, colocar en horno precalentado a 180°C durante 5 minutos.
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