Salsa tradicional mexicana con chiles secos y especias

El mole coloradito es una de las salsas más emblemáticas de la cocina mexicana, originaria del estado de Oaxaca. Su nombre proviene del característico color rojizo que adquiere gracias a la combinación de chiles secos como el guajillo y el ancho, que se tuestan y muelen junto con especias aromáticas. Esta salsa representa la fusión perfecta entre las tradiciones prehispánicas y los ingredientes traídos por los españoles, creando un platillo que es a la vez histórico y contemporáneo.
El sabor del mole coloradito es complejo y equilibrado, con notas ligeramente picantes que no abruman el paladar, un toque dulce natural proveniente de las frutas secas y la cebolla caramelizada, y una profundidad de sabor que se desarrolla durante la cocción lenta. La textura es sedosa y aterciopelada, lograda mediante el proceso de moler finamente los ingredientes y cocer la salsa hasta que espese naturalmente. Cada bocado revela capas de sabor que van desde el ahumado de los chiles tostados hasta la calidez de las especias como el clavo y la canela.
La preparación del mole coloradito requiere paciencia y atención a los detalles, especialmente durante el tostado de los chiles, que debe hacerse con cuidado para no quemarlos y evitar que la salsa se vuelva amarga. El proceso de moler los ingredientes puede realizarse en molcajete para un resultado más auténtico, aunque una licuadora moderna también funciona bien. La clave está en lograr una pasta homogénea que luego se fríe brevemente en aceite antes de añadir el caldo.
Para la presentación, el mole coloradito tradicionalmente se sirve sobre pollo o cerdo, pero también es excelente con enchiladas, tamales o simplemente con arroz blanco. Se adorna con ajonjolí tostado y cebolla picada finamente. La salsa debe tener una consistencia que cubra el dorso de una cuchara sin ser demasiado espesa ni demasiado líquida. El color debe ser un rojo intenso con reflejos dorados cuando la luz lo ilumina.
Esta salsa mejora con el tiempo, por lo que se recomienda prepararla con un día de anticipación para que los sabores se integren completamente. El mole coloradito es versátil y puede ajustarse según el gusto personal: más picante añadiendo chiles de árbol, más dulce con un poco más de plátano macho, o más especiado incrementando la cantidad de canela y clavo. Es un platillo que invita a la creatividad dentro de los parámetros tradicionales.
En la cultura mexicana, el mole coloradito se asocia con celebraciones familiares y festividades importantes, aunque su relativa simplicidad en comparación con otros moles lo hace accesible para el consumo diario. Representa la esencia de la cocina oaxaqueña: ingredientes locales transformados mediante técnicas ancestrales en algo extraordinario. Cada familia guarda su propia receta, transmitida de generación en generación, haciendo de cada mole coloradito una expresión única de tradición culinaria.
Cocina 1 kg de pollo en trozos en el caldo de verduras, luego desmenuza y añádelo al mole durante los últimos 10 minutos de cocción.
Sustituye el chocolate de mesa por chocolate amargo vegano y usa caldo de verduras casero sin productos animales.
Usa chiles en polvo ya preparados (2 cucharadas de chile guajillo en polvo, 1 cucharada de chile ancho en polvo) y omite el proceso de tostado y remojo.
Guarda el mole en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, calienta a fuego bajo en una cacerola, añadiendo un poco de agua o caldo si se ha espesado demasiado.
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