El truco está en el fuego bajo y remover sin parar

Para evitar los fallos más comunes, fíjate en el fuego. Si está demasiado fuerte, las yemas se cuajarán y saldrán grumos. Mi consejo es usar fuego muy bajo y remover con una cuchara de madera de forma constante, sin parar, durante los 8-10 minutos que dura la cocción. La crema está lista cuando, al pasar el dedo por el dorso de la cuchara, el surco se mantiene limpio.
Antes de eso, no te saltes el paso de templar la mezcla. Añade un poco de la leche caliente a las yemas batidas con azúcar y maicena, batiendo sin parar. Solo después vierte todo de nuevo en el cazo. Y el colado final es tu seguro antigrumos.
Para que el sabor sea más profundo, deja que la leche infusiones bien con la canela en rama y la piel de limón durante los 15 minutos tras calentarla. Tápala para que no se evaporen los aromas. Si solo tienes canela molida, úsala para infusionar, pero luego cuela con más cuidado.
El reposo en la nevera es obligatorio. Tapa cada copa con film transparente en contacto directo con la superficie de la crema. Esto evita que se forme esa capa seca. Déjalas al menos 4 horas, aunque idealmente toda la noche: la textura se asienta y los sabores se integran mucho mejor.
Añade 50g de chocolate negro fundido a la leche infusionada antes de mezclar con las yemas.
Sustituye la canela y limón por una vaina de vainilla abierta y raspada.
Usa leche semidesnatada y sustituye la mitad del azúcar por edulcorante.
Conservar en el refrigerador en recipientes herméticos o cubiertos con film transparente. Consumir dentro de 3 días.
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23 de febrero de 2026
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