Un pan rústico con corteza crujiente y miga esponjosa, perfecto para acompañar cualquier comida

El pan de campo horneado en olla es una técnica ancestral que ha resurgido en los últimos años gracias a los panaderos caseros. Este método permite crear un pan con una corteza espectacularmente crujiente y una miga húmeda y alveolada, similar a los panes artesanales de las panaderías tradicionales. La olla actúa como un horno holandés improvisado, atrapando el vapor durante la cocción inicial, lo que resulta en una corteza dorada y crujiente que es la envidia de cualquier panadero.
La magia de este pan reside en su simplicidad: solo cuatro ingredientes básicos - harina, agua, sal y levadura - se transforman en una obra maestra de la panadería casera. La textura es incomparable: una corteza que cruje al partirla revela una miga tierna, elástica y llena de agujeros irregulares que atrapan la mantequilla derretida o el aceite de oliva. El sabor es profundamente satisfactorio, con notas tostadas de la corteza y la dulzura natural de la harina fermentada.
Este pan tiene sus raíces en las tradiciones campesinas europeas, donde se horneaba en ollas de hierro sobre fuego de leña. Hoy, podemos recrear esa experiencia en nuestros hornos domésticos con resultados sorprendentes. Es perfecto para quienes buscan adentrarse en el mundo de la panadería artesanal sin necesidad de equipos especializados más allá de una olla resistente al horno.
Para presentarlo, sirve el pan entero sobre una tabla de madera con un cuchillo panadero al lado. Deja que se enfríe completamente antes de cortarlo para preservar su textura. La corteza dorada y polvorienta con harina crea una presentación rústica y apetitosa. Puedes acompañarlo con aceite de oliva virgen extra y sal marina para mojar, o simplemente disfrutarlo con mantequilla a temperatura ambiente.
Este pan es versátil: perfecto para el desayuno tostado, para acompañar sopas y guisos, o como base para sándwiches gourmet. Su larga duración (hasta 3 días bien conservado) lo hace ideal para preparar con anticipación. La satisfacción de hornear tu propio pan desde cero es incomparable, y los aromas que llenarán tu cocina son simplemente celestiales.
Recuerda que la paciencia es clave en la panadería. Los tiempos de fermentación pueden variar según la temperatura ambiente, así que confía en tu intuición más que en el reloj. Un pan bien fermentado tendrá un aroma dulce y ligeramente ácido, y la masa se sentirá aireada y llena de vida antes de hornearse.
Añade 100g de aceitunas negras deshuesadas y picadas y 2 cucharadas de romero fresco picado a la masa durante el mezclado inicial.
Sustituye 250g de la harina de trigo por harina integral. Aumenta el agua en 25ml, ya que la harina integral absorbe más líquido.
En lugar de levadura comercial, usa 150g de masa madre activa y reduce el agua en 75ml. El tiempo de fermentación será similar.
Guarda el pan en una bolsa de papel o sobre una tabla de madera cubierto con un paño de cocina. No lo guardes en plástico, ya que la corteza perderá su crujiente. Para recalentar, hornea a 180°C durante 5-10 minutos.
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