Pan blanco clásico de miga suave y corteza dorada

El pan de molde tradicional es un clásico de la panadería española que ha acompañado desayunos y meriendas durante generaciones. Este pan se caracteriza por su miga blanca, suave y esponjosa, con una corteza fina y dorada que se forma durante el horneado en molde rectangular. Su textura es perfecta para tostadas, sándwiches o simplemente para disfrutar con un poco de mantequilla y mermelada.
La historia del pan de molde se remonta a la necesidad de crear un pan que se conservara mejor y fuera más fácil de cortar en rebanadas uniformes. A diferencia del pan rústico, el pan de molde se hornea en un recipiente cerrado que mantiene la humedad y le da su forma característica. La miga se mantiene tierna durante varios días gracias al equilibrio perfecto entre hidratación y tiempo de fermentación.
El sabor del pan de molde tradicional es suave y ligeramente dulce, con notas de trigo y un toque de mantequilla. La corteza, aunque fina, aporta un contraste crujiente que complementa perfectamente la suavidad de la miga. Es un pan versátil que se adapta tanto a preparaciones dulces como saladas, desde el clásico sándwich mixto hasta las tostadas con aceite y tomate.
Para obtener los mejores resultados, es fundamental respetar los tiempos de fermentación y amasado. La masa debe quedar suave, elástica y ligeramente pegajosa al tacto. El uso de un molde de pan específico asegura la forma rectangular perfecta y permite que el pan se hornee de manera uniforme, con una corteza dorada en todos los lados.
La presentación del pan de molde tradicional es sencilla pero elegante. Se puede servir entero sobre una tabla de madera para que cada comensal corte sus propias rebanadas, o presentarlo ya cortado en rebanadas uniformes dispuestas en forma de abanico. Para ocasiones especiales, se puede acompañar con diferentes tipos de mantequillas aromatizadas, mermeladas caseras o quesos variados.
Este pan es perfecto para compartir en familia, ya que su proceso de elaboración, aunque requiere paciencia, es muy satisfactorio. El aroma que inunda la cocina durante el horneado es uno de los placeres más reconfortantes de la panadería casera, y el resultado final merece cada minuto de espera.
Sustituye 200g de harina blanca por harina integral para un pan más nutritivo y con más fibra.
Añade 50g de semillas variadas (sésamo, lino, girasol) a la masa durante el amasado.
Sustituye el agua por leche tibia para obtener un pan más tierno y con sabor más rico.
Guarda el pan en una bolsa de papel o tela a temperatura ambiente. No uses plástico para evitar que se ablande la corteza. Para conservar más tiempo, congela en rebanadas individuales.
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