Dulces de almendra y piñones para Todos los Santos

Los panellets son unos dulces tradicionales de la gastronomía catalana que se consumen especialmente durante la festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Su origen se remonta a la Edad Media, cuando se ofrecían como alimento a los difuntos durante las celebraciones religiosas. Con el tiempo, se convirtieron en un símbolo de la festividad y una tradición familiar que se transmite de generación en generación.
Estos pequeños dulces tienen una textura única: exteriormente están cubiertos de piñones que se tuestan en el horno, creando una capa crujiente y aromática, mientras que su interior es suave, húmedo y ligeramente granuloso gracias a la mezcla de almendra molida y azúcar. El sabor predominante es el dulce de la almendra, complementado perfectamente por el toque tostado de los piñones y el aroma del limón.
La preparación de los panellets es todo un ritual familiar en muchas casas catalanas. Suele ser una actividad que reúne a varias generaciones en la cocina, amasando la pasta, formando las bolitas y decorándolas con los piñones. Esta tradición no solo conserva una receta, sino también momentos de convivencia y transmisión cultural.
Para presentarlos de forma tradicional, se colocan sobre una fuente de cerámica o madera, preferiblemente con papel de encaje o servilletas de tela. Se pueden acompañar con vino dulce moscatel o cava, creando una combinación perfecta para las celebraciones otoñales. La presentación más auténtica es en grupos de tres o cinco panellets, respetando la simbología numérica tradicional.
Un consejo importante es trabajar la masa con las manos ligeramente humedecidas para evitar que se pegue, pero sin añadir demasiada agua que podría alterar la textura final. La consistencia debe ser manejable pero firme, permitiendo formar bolitas uniformes que mantengan su forma durante el horneado.
Los panellets no solo son un postre delicioso, sino también una experiencia sensorial completa: el aroma que impregna la cocina durante su preparación, el tacto de la masa entre los dedos, el crujir de los piñones al morder y el sabor que evoca recuerdos familiares y tradiciones centenarias.
Sustituir los piñones por coco rallado para una versión tropical
Añadir 50g de cacao en polvo a la masa y cubrir con virutas de chocolate
Decorar con una yema de huevo batida antes del horneado para un acabado brillante
Guardar en un recipiente hermético a temperatura ambiente, separando capas con papel de hornear. No refrigerar para mantener la textura.