Cremosa, con anís y compota de ciruela. La clave está en la gelatina.

La diferencia entre que quede bien o perfecta está en cómo manejas la gelatina. Si no se hidrata bien o no se disuelve del todo en la mezcla caliente, la textura será granulosa o no cuajará uniformemente. Mi consejo: usa las 3 cucharadas de agua fría exactas y déjala reposar los 5-10 minutos completos hasta que esté esponjosa. Luego, al añadirla a la nata infusionada, remueve con energía hasta que no veas ni un grumo.
Para la infusión, calienta la nata, leche, azúcar, semillas de anís y la vainilla a fuego medio-bajo. No debe hervir; basta con que llegue a unos 80°C para que el azúcar se disuelva y los aromas se liberen. Si hierve, la nata puede cortarse o la textura final ser menos sedosa. Después, cuela bien para quitar las semillas y la vainilla.
El enfriado es otro punto clave. Deja que los moldes se templen fuera de la nevera 30 minutos antes de refrigerar. Esto evita que se formen gotas de condensación en la superficie. Luego, tapa con film y déjalos en frío al menos 4 horas, mejor toda la noche. La paciencia aquí es un ingrediente más.
Para la compota, cocina las ciruelas con el azúcar moreno, limón, ralladura de naranja, agua y la ramita de canela a fuego lento. 15-20 minutos suelen bastar para que estén tiernas y el jugo espese. Si te queda muy líquida, cocina un poco más a fuego suave. Retira la canela y deja que se enfríe; así espesará un poco más.
Para desmoldar sin romperlas, sumerge cada molde 2-3 segundos en agua caliente, no más. Pasa un cuchillo fino por el borde, dale la vuelta sobre el plato y dale un golpe seco y decidido. Si la primera no sale, el agua no estaba lo suficientemente caliente o el molde no se calentó de forma uniforme.
Si no tienes ciruelas frescas, puedes usar ciruelas pasas hidratadas en un poco de agua caliente. Y si prefieres un toque de anís más suave, machaca ligeramente las semillas antes de infusionar para que liberen más aroma. Sirve la compota fría o a temperatura ambiente, pero la panna cotta siempre bien fría de la nevera.
Sustituye las semillas de anís por 2 cucharadas de café molido para una versión con sabor a café.
En lugar de ciruelas, usa una mezcla de fresas, frambuesas y moras para una compota más colorida.
Sustituye la nata por leche de coco y la gelatina por agar-agar para una versión sin lácteos.
Conservar en el refrigerador cubierto con film transparente. La compota de ciruela se puede almacenar por separado en un recipiente hermético.
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23 de febrero de 2026
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