Cremoso postre italiano con anís y salsa de fresas

Si es la primera vez que la haces, ojo con la temperatura al incorporar la gelatina. Si la mezcla de nata está demasiado fría, la gelatina no se integrará bien y quedará grumosa; si está demasiado caliente (hirviendo), perderá su poder gelificante. El punto ideal es cuando esté caliente pero sin llegar a hervir, justo después de infusionar. Mi consejo es calentarla ligeramente de nuevo si ves que se ha enfriado demasiado antes de añadir la gelatina hidratada y escurrida.
Para que la textura sea perfecta, deja que la mezcla se enfríe un poco fuera de la nevera antes de verterla en los moldes. Esto evita que se formen burbujas de aire y que el contraste de temperatura afecte al cuajado. Usa moldes humedecidos con agua fría para que luego el desmoldado sea más limpio. La refrigeración es clave: necesita al menos 4 horas, pero idealmente toda la noche para que esté firme y estable.
El sabor del anís debe ser sutil. Si no tienes semillas para moler, puedes usar media cucharadita de anís en polvo o infusionar la nata con una rama de anís estrellado y retirarla después. Si el sabor te resulta muy intenso, reduce la cantidad a la mitad la primera vez. No te saltes la pizca de sal; realza todos los sabores sin que se note.
Para la salsa, tritura bien las fresas con el azúcar y el limón. Si la prefieres sin pepitas, cuela el puré. Mezclar luego con fresas en cubos le da un contraste de textura muy agradable. Si no usas el licor de anís, no pasa nada, el sabor de la fresa ya es perfecto.
El momento de la verdad es el desmoldado. Sumerge el molde en agua caliente solo 2-3 segundos, no más. Pasa un cuchillo de sierra o de punta fina por todo el borde interno con cuidado. Si no sale a la primera, vuelve a sumergir un segundo más. Sirve inmediatamente con la salsa fría.
Puedes preparar ambas partes con un día de antelación. Tapa la panna cotta con film transparente pegado a la superficie para que no se forme costra. La salsa aguanta bien en la nevera 2-3 días. Si te sobra, es excelente para acompañar yogur o helado.
Sustituir el anís por 1 vaina de vainilla abierta y raspada. Infusionar igual que con el anís.
Utilizar nata y leche sin lactosa. El resultado es igual de cremoso y delicioso.
Añadir 2 cucharadas de café espresso fuerte a la mezcla de nata en lugar del anís.
Conservar en el refrigerador cubierto con film transparente. Consumir dentro de 3 días. No congelar ya que la textura se verá afectada.
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23 de febrero de 2026
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