Cremosa, con anís y plátano dorado. Un postre para preparar con calma.

Antes de ponerte con todo, mira esto: la clave para que la panna cotta tenga la textura perfecta está en la gelatina. No la añadas directamente al líquido caliente. Primero, hidrátala bien con las 3 cucharadas de agua fría y déjala reposar hasta que sea una pasta espesa. Luego, cuando la base de nata y leche esté bien caliente (pero sin hervir), retírala del fuego y ahí sí, añade la gelatina hidratada. Remueve con energía hasta que no quede ni un grumo. Si la gelatina no se disuelve del todo, quedarán grumos duros en el postre final.
Para la base, calienta la nata, leche, azúcar y las semillas de anís molidas a fuego medio-bajo. No busques que hierva, solo que esté bien caliente para disolver el azúcar. Si hierve, la nata puede cortarse o separarse. Una vez fuera del fuego y con la gelatina bien integrada, añade el licor de anís y la vainilla. Mi consejo: pasa siempre la mezcla por un colador fino antes de echarla en los moldes. Así te aseguras de que no cae ningún trocito de semilla de anís que no se haya molido bien, lo que arruinaría la textura sedosa.
La paciencia es tu mejor aliada aquí. Deja que los moldes se templen fuera de la nevera unos 15 minutos antes de meterlos a refrigerar. Esto ayuda a que cuaje de forma uniforme. Luego, déjalos en la nevera al menos 4 horas, pero idealmente toda la noche. Si intentas desmoldar antes de tiempo, se deshará. Para el desmoldado, sumerge el fondo del molde en agua caliente solo 2-3 segundos. Si te pasas, los bordes empezarán a derretirse.
Para el plátano caramelizado, usa plátanos que estén maduros pero firmes. Si están muy blandos, se desharán en la sartén. Derrite la mantequilla con el azúcar moreno y, cuando esté burbujeante, añade las rodajas. El fuego debe ser medio. Si está muy bajo, se pondrán blandas sin dorarse; si está muy alto, el azúcar se quemará. Cocínalas 2-3 minutos por cada lado hasta que tengan un bonito color dorado. El chorrito de jugo de limón al final frena la cocción y da un toque de frescor que corta la dulzura.
Si no tienes licor de anís, puedes usar un poco más de semillas molidas, aunque el sabor será ligeramente diferente. Para una versión más ligera, puedes sustituir parte de la nata por leche, pero ten en cuenta que la textura será menos cremosa y firme. Este postre aguanta perfectamente un día en la nevera una vez desmoldado, cubierto con film transparente. Sírvelo justo después de añadir el plátano caramelizado caliente, para disfrutar del contraste de temperaturas.
Sustituye el anís por 2 cucharadas de café espresso fuerte y omite el licor de anís.
Omite el licor de anís y usa 1 cucharadita extra de esencia de anís o extracto de anís.
Acompaña la panna cotta con una compota de frutos rojos en lugar de plátano caramelizado.
Conservar en el refrigerador en recipientes herméticos. La panna cotta se mantiene bien hasta 3 días. El plátano caramelizado es mejor consumirlo el mismo día.
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23 de febrero de 2026
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