Pasta al dente con espárragos crujientes y tomate seco

Si quieres que siempre te salga bien, fija el punto de los espárragos. Deben quedar tiernos pero con un toque crujiente, así que no los cuezas en exceso. Si los pasas, se volverán blandos y perderán el contraste de texturas con la pasta.
Para la pasta, usa agua bien salada y no olvides reservar un vaso del caldo antes de escurrirla. Esa agua con almidón es tu seguro: si al mezclar todo en la sartén ves que queda seco, añade un poco para que la salsa ligue sin necesidad de cremas pesadas. Escúrrela un minuto antes de lo que diga el paquete, porque terminará de cocerse en la sartén con el resto de ingredientes.
Con el ajo, cuidado: lo añades al final del salteado de los espárragos, solo un minuto para que se perfume. Si se quema, amarga todo el plato. Los tomates secos hidrátalos solo si están muy duros; si son blandos, puedes cortarlos y añadirlos directamente. Su dulzor concentrado es el contrapunto perfecto.
Para servirlo, el queso parmesano rallado en el momento y las hojas de albahaca fresca son clave. Si no tienes piñones, puedes saltarlos o usar almendras fileteadas ligeramente tostadas. Sirve la pasta inmediatamente, caliente, para que el queso se funda ligeramente.
Sustituye el queso parmesano por levadura nutricional o queso vegano rallado.
Añade gambas peladas o trozos de pollo a la sartén junto con los espárragos.
Incorpora calabacín en rodajas o pimientos rojos asados para más variedad de vegetales.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Calentar en sartén con un poco de aceite de oliva o en microondas antes de servir.
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23 de febrero de 2026
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