Un exquisito pastel dulce-salado tradicional de Marruecos

La pastela marroquí, también conocida como bastilla o b'stilla, es un plato emblemático de la gastronomía marroquí que combina magistralmente sabores dulces y salados en una elaborada preparación. Originaria de la ciudad de Fez, esta delicia culinaria tiene sus raíces en la cocina andalusí y se ha convertido en un plato festivo que se sirve en ocasiones especiales como bodas, celebraciones religiosas y recepciones importantes.
La pastela se caracteriza por su compleja estructura de capas: una masa filo crujiente y dorada envuelve un relleno aromático de pollo desmenuzado, almendras tostadas y huevos perfumados con especias. La combinación de canela, azafrán, jengibre y cilantro fresco crea una sinfonía de aromas que transporta directamente a los zocos de Marrakech. La textura es una experiencia en sí misma, con el crujiente de la masa exterior contrastando con la suavidad del relleno y el toque crujiente de las almendras.
La presentación tradicional de la pastela es espectacular, generalmente en forma de gran disco dorado espolvoreado generosamente con azúcar glas y canela en polvo formando un patrón decorativo. Se sirve caliente recién salida del horno, cortada en porciones triangulares que revelan las distintas capas de su interior. El contraste visual entre el dorado intenso de la masa y el blanco del azúcar glas es simplemente impresionante.
Este plato representa la esencia de la hospitalidad marroquí, donde la comida no solo alimenta el cuerpo sino también el alma. La preparación requiere paciencia y dedicación, pero el resultado final justifica ampliamente el esfuerzo. Cada bocado ofrece una explosión de sabores que evolucionan en la boca, desde lo salado del pollo hasta lo dulce de las almendras y especias.
Para una auténtica experiencia marroquí, se recomienda servir la pastela como plato principal acompañada de una ensalada fresca de tomate y pepino, y té de menta caliente. La combinación de temperaturas y texturas crea un equilibrio perfecto. La pastela también se puede preparar con paloma o pichón en versiones más tradicionales, aunque el pollo es la variante más accesible y popular hoy en día.
El secreto de una buena pastela reside en el equilibrio de especias y la calidad de los ingredientes. El azafrán debe ser de buena calidad para aportar su característico color dorado y aroma, mientras que las almendras deben estar perfectamente tostadas para realzar su sabor. La masa filo debe quedar crujiente pero no quebradiza, logrando ese punto perfecto que solo se consigue con atención constante durante el horneado
Sustituye el pollo por una mezcla de gambas, calamares y pescado blanco, y añade un toque de harissa para un sabor picante.
Reemplaza el pollo por una mezcla de champiñones, espinacas y garbanzos, y usa caldo de verduras en lugar de caldo de pollo.
Guarda la pastela en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, colócala en el horno a 160°C durante 15-20 minutos hasta que esté caliente y crujiente nuevamente.
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